Además del Río Lerma, el Tula y el Atoyac tenemos el Río Tijuana. Es un río altamente contaminado por aguas residuales domésticas, residuos industriales y escorrentía urbana. No es solo un cuerpo de agua contaminado, sino un reactor químico y biológico abierto que transfiere masivamente contaminantes del agua al aire. Investigaciones recientes publicadas en Science y por la Universidad de California en San Diego (UCSD) demuestran que la turbulencia, el oleaje y la espuma del río pulverizan toxinas hacia la atmósfera, generando una crisis de salud pública aérea, no solo hídrica.
Las emisiones contaminantes del río Tijuana son: 1.- Sulfuro de hidrógeno (H2S), gas de alcantarilla con olor a huevo podrido, detectado en puntos turbulentos hasta 4,500 veces por encima de los niveles urbanos normales, superando ampliamente los límites de salud (producto de la descomposición anaeróbica de materia orgánica y fecal acumulada en el fondo). 2.- Amoníaco (NH3) proveniente de la urea y gases de efecto invernadero como: 3.- Metano (CH4) y 4.- Dióxido de carbono (CO2) generados por bacterias que degradan los lodos cloacales. 5.- Compuestos orgánicos volátiles (COVs) originados por descargas de maquiladoras, plantas industriales y talleres.
Como son solventes y combustibles, se evaporan. También benceno, tolueno, etilbenceno y xilenos provenientes de hidrocarburos y gasolinas, altamente cancerígenos y neurotóxicos. Se suman también cloroformo y solventes clorados derivados de desinfectantes y limpieza industrial. Además de cientos de trazas de gases identificados sin olor, pero igualmente nocivos.
El movimiento brusco del agua genera microgotas que flotan, emitiendo aerosoles tóxicos y material particulado (PM). Estas emisiones reaccionan en la atmósfera y se transforman en partículas submicrométricas PM1 y PM2.5, capaces de penetrar profundamente en los pulmones y entrar al torrente sanguíneo. Según la Universidad de California en San Diego, estos aerosoles no son solo agua: contienen mezclas de drogas ilícitas, metabolitos de fármacos, productos de cuidado personal y compuestos del desgaste de llantas, literalmente pulverizados desde el río.
El río Tijuana también emite bioaerosoles (que son patógenos transportados por el aire). La espuma y el rocío arrastran bacterias y virus fecales vivos como Escherichia Coli y Salmonella, transportados por el viento a comunidades cercanas. Acompañadas por endotoxinas de paredes bacterianas del drenaje que provocan inflamación respiratoria aguda al inhalarse. Convirtiendo al río Tijuana en una peligrosa fuente continua de contaminación atmosférica que afecta diariamente a cientos de miles de mexicanos y estadounidenses que respiran inevitablemente gases irritantes, cancerígenos, partículas ultrafinas y agentes biológicos. Al transferir del agua al aire su grave contaminación se transforma en un gigantesco problema de salud pública.
El monitoreo de la calidad del aire en nuestro país todavía no es un prioridad para nuestros gobiernos. Es urgente que los gobiernos locales inviertan en los nuevos equipos compactos de tercera generación de bajo costo que se utilizan exitosamente en Europa para monitorear en tiempo real la calidad de aire.
*Carlos Alvarez Flores es consultor ambiental. Experto en gestión de residuos y cambio climático. Presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.
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