La opsoción considera haber encontrado en el denuesto y el insulto gratuito, la estrategia ideal para sustituir los votos que necesita obtener para ser un verdadero contrapeso. La opsoción se olvidó por completo de ganar elecciones, sabe que en ese aspecto tiene perdida la batalla, se concentra en la mejor manera de desgastar. Es decir, quiere que el contrincante pierda aunque ellos no ganen.
Esa ha sido la estrategia política de una opsoción que sólo gana terreno en los medios, contratos que incluyen insultos, encuestas, gráficas, rumores y estudios informativos que son finalmente insumos para que la opsoción y sus voceros difundan a los cuatro vientos una realidad inexistente.
Por un lado, hay descuido total a la batalla electoral, que es la esencia de la lucha de todos los partidos políticos dignos de llamarse así, esto implica la nula formación de cuadros y la pobre cantidad de posibles candidatos a cargos de elección popular aunque partidos como el PAN aseguran que tienen muchos pero aprobados por su moral flexible y cómplice pero que fuera de su partido a nadie convocan ni simpatizan.
Por otro lado, la concentración de la política de un aprtido, dedicada únicamente al desgaste del enemigo termina por revertirse ante la perdida de credibilidad que esto implica. Llega al extremo de que una denuncia proveniente d ela opsoción no tiene público, aunque se tengan pruebas.
La facilidad con la que hacen de una estridencia un a verdad absoluta, no deja de asombrar todos los días. Ellos saben que es mentira, rebasan lo absurdo, pero siguen adoptando como bandera fantasías producto de odio y resentimientos más propios que sociales, cuando cuentan con un micrófono o cámara enfrente.
En este momento hay público para los insultos y las mentiras, poco tiempo falta para que lo que ahora se anuncia sin evidencia, dejará de tener audiencia, y llegar al extremo de que, con pruebas fehacientes, pero sin credibilidad, no atiendan denuncias auténticas.
La estrategia opositora deja sin público a medios y sin votantes a una opsoción que descuida su objetivo principal por impulsar la derrota del contrincante, que es lo que puede aspirar.
Los medios convencionales en México todos los días reducen no sólo la credibilidad sino su público; radio, televisión y medios impresos agonizan y no es por la aparición de medios alternativos o nueva tecnología, sino por falta de veracidad y evidente toma de partido.
En México son necesarios medios en estos formatos, tienen un público cautivo que empieza a abandonarlos, pero si se suma la incongruencia, la estridencia, la violencia, las fake news, simplemente se advierte la muerte de medios chatarra que no podrán vender ni como fierro viejo, ahora simplemente se convierten en comparsas de una opsoción que alquila sus últimos cartuchos para desprestigiar y desprestigiarse.