La movilidad no puede planearse a partir de medios de transporte aislados. Una ciudad de las dimensiones de la nuestra necesita una red en la que Metro, transporte público, bicicleta, infraestructura peatonal y espacio urbano funcionen de manera articulada.
Hemos avanzado en infraestructura ciclista, pero todavía tenemos una integración insuficiente entre la bicicleta y el principal sistema de transporte masivo de la Ciudad de México.
Los datos permiten dimensionarlo: en 2018 se realizaban aproximadamente 267 mil viajes diarios en bicicleta; para 2024 la cifra llegó a 456 mil. Es un crecimiento de 71 por ciento en solamente seis años.
Sin embargo, la infraestructura necesaria para conectar esos viajes con otros sistemas de transporte no ha avanzado en la misma proporción.
Actualmente existen alrededor de 2 mil 400 espacios institucionales para el resguardo de bicicletas y sólo diez biciestacionamientos masivos o semimasivos vinculados con Centros de Transferencia Modal.
La diferencia es todavía más clara cuando observamos la red del Metro. El Sistema de Transporte Colectivo cuenta con 195 estaciones y movilizó durante 2025 más de mil 241 millones de viajes.
Sin embargo, únicamente diez puntos de la red cuentan con un biciestacionamiento asociado. Hablamos de poco más del 5 por ciento de las estaciones frente a casi 95 por ciento que carece de esta infraestructura.
No se trata simplemente de instalar más lugares para dejar bicicletas. Desde una perspectiva de planeación del desarrollo, el objetivo debe ser aumentar la conectividad de la infraestructura que la Ciudad ya tiene.
Un biciestacionamiento ubicado estratégicamente permite ampliar el radio de acceso de una estación y facilita que una persona realice una parte de su trayecto en bicicleta y continúe el resto en Metro.
Este criterio es consistente con nuestro marco jurídico. La Constitución de la Ciudad establece que las políticas de movilidad deben impulsar una transición hacia formas colectivas y no motorizadas de transporte.
Por su parte, el artículo 37 de la Ley de Movilidad dispone que la planeación debe priorizar tanto los sistemas de transporte público como la movilidad no motorizada. Si ambas son prioridades, necesitamos infraestructura que permita conectarlas.
El Plan Ciclista 2025-2030 contempla la construcción de 300 kilómetros nuevos de ciclovías, la renovación de los 553 kilómetros existentes y la creación de 50 biciestacionamientos masivos.
Lo que proponemos es que esa expansión incorpore criterios de intermodalidad y aproveche la red del Metro como uno de sus principales puntos de conexión.
La ubicación de esta infraestructura no debería responder únicamente a la disponibilidad de espacio.
Debe considerar la afluencia de las estaciones, la cobertura territorial del transporte público, la infraestructura ciclista existente y proyectada, la demanda de viajes y la posibilidad de conectar zonas habitacionales con los principales corredores de movilidad.
Ahí es donde este tema deja de ser solamente una política ciclista y se convierte en una decisión de planeación urbana.
Y existe una condición adicional: la seguridad. Para que una persona utilice la bicicleta como primer tramo de un viaje necesita tener certeza de que podrá dejarla en un espacio adecuado y encontrarla al regresar.
Por eso la propuesta plantea infraestructura con mecanismos de resguardo, seguridad y vigilancia.
Por estas razones exhorto a la Jefatura de Gobierno, para que coordine y promueva la creación de biciestacionamientos en las inmediaciones de las estaciones del Metro.