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¡Aguas con esos niños!
¡Aguas con esos niños!

Columnas miércoles 03 de abril de 2019 - 04:21


Cuando se ha llegado al extremo de temerle a la infancia, no cabe duda, estamos al borde del colapso social y, por consiguiente, existe la imperiosa responsabilidad de trabajar en el diseño de soluciones eficientes para eliminar los estigmas, la desconfianza y el desprecio hacia quienes se están enfrentando a una realidad cruel y desesperanzadora desde una edad muy temprana.

Hay situaciones que se han normalizado tanto, tal es el caso de los niños y niñas que transitan por las calles, centros comerciales, restaurantes y en una infinidad de establecimientos, con la intención de vender algún producto, de pedir unas cuantas monedas para un taco o para rogar por un pedazo de pan a quienes han tenido la fortuna de vivir diferente.

Si somos observadores, podremos percatarnos que, en la mayoría de los casos, se crea un ambiente de tensión, se encienden las alarmas mentales por la presencia de esos niños, —No vaya a ser que se roben la mochila, la cartera, el celular o cualquier objeto que tiene un valor cuantificable y superficial—.

En nuestro país es posible distinguir a niños y niñas que acuden con el esfuerzo de sus padres a los centros comerciales a comprar ropa o a disfrutar de la última película de animación, otros, van a clubes deportivos y sociales, y por qué no, a pasar los veranos en Europa; pero también están aquellos que desafortunadamente no son parte del pasado que retrató Buñuel en Los olvidados, sino de un presente que para muchos es habitual y de quienes hay que cuidarse porque llegan a parecernos delincuentes.

Esa diferencia tan marcada y aberrante, conduce a afirmar a los estudiosos de América Latina que en nuestra región no existe una sola niñez, sino varias, a partir de esa heterogeneidad socioeconómica y la desigualdad cultural. Cómo ocultarlo, si una parte de la infancia mexicana deambula de la mano de la pobreza y siendo objeto de repulsión.

Falta mucho por hacer y por atender en nuestro país; sin embargo, la gran desigualdad entre las niñas y los niños es un problema de carácter público que no puede quedar al desamparo de la indiferencia, en la soledad o en la calle. Las diferencias de la infancia entre los que viven en extrema pobreza, los de clases medias y las privilegiadas se deben reducir a fin de encontrar un equilibrio en las condiciones de vida y desarrollo humano de nuestros niños.

Ellos, llaman a gritos una solución que no es exclusiva del gobierno en turno.

Debemos participar activamente. ¿Acaso seguiremos despreciando a los nuestros?


•Doctorante en Ciencias Sociales por la UAM.
Colaborador de Integridad Ciudadana, A.C.
@Integridad_AC @bazancruzz

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/CR

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