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¿Gobernar sin administrar?

¿Gobernar sin administrar?

Columnas viernes 12 de julio de 2019 - 06:00


Un gobierno se compone de dos partes fundamentales: política y administración pública. Ambas son necesarias para que aquél cumpla sus fines.

En términos muy generales, la política es una actividad orientada por una ideología o sistema de creencias conforme al cual: Estado, gobierno y sociedad se conciben de cierta forma y, a partir de ello, se diseñan las soluciones a los distintos problemas y los objetivos a alcanzar (dentro de las posibilidades que confiere la Constitución). La orientación política del gobierno permite que los problemas se entiendan de cierta manera y se defina una forma de gobernar. Un gobierno eficazmente político ejerce el poder para resolver adecuadamente los choques de los distintos intereses dentro de una sociedad. Sin embargo, la política solamente es la orientación, pero no la ejecución del gobierno.

Para ser eficaz en la obtención de los resultados que una sociedad exige, se requiere también de la administración pública.

La administración pública busca que la actividad del gobierno se realice de forma profesional, para que con la prestación de servicios públicos y demás objetivos se obtengan los resultados más favorables para la sociedad.

¿Cómo funciona la administración pública? A partir de la planeación, organización, dirección, coordinación y control, el gobierno acude a distintas ciencias como la economía, el derecho, la sociología, las matemáticas, la psicología, la antropología y diversas disciplinas técnicas, a fin de obtener conocimiento de la realidad que es indispensable para ejecutar adecuadamente los fines que se ha propuesto (ideología política).

Un gobierno que centra su actividad, solamente en la administración pública, sin contar con una ideología política, no tendrá claros los fines que persigue, ni las acciones que debe ejecutar. Será un gobierno vacío de orientación, valores y sentido. Una administración eficiente sin orientación política es como tener con un magnífico barco, pero sin motores.

Del otro lado de la moneda, un gobierno que solamente es ideología política, pero nada de administración pública, a pesar de las buenas intenciones que tenga para transformar positivamente la realidad, sino cuenta con los instrumentos necesarios no será capaz si quiera, de ejecutar las ideas de gobierno que ha concebido, por lo que difícilmente materializará sus aspiraciones, o lo hará a medias y de modo deficiente.

La experiencia en la historia de los países del mundo es contundente, rara vez ha funcionado la estrategia de resolver problemas complejos con puras ideas políticas, sin desarrollar una administración pública eficiente. Gobierno que equilibra política y administración está más cerca del éxito. En México, pocas veces hemos tenido gobiernos que combinaran ambas.

Cuando un gobierno quiere resolver los asuntos públicos sin administración, entra en un peligroso limbo a cuya puerta está, como ilusión, la ideología política, porque idea sin acción, jamás transforma.

•Especialista en Derecho Constitucional y Teoría Política

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/CR

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