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“La censura en el arte es un arma de doble filo”

“La censura en el arte es un arma de doble filo”

Entornos miércoles 18 de diciembre de 2019 - 02:22

Por Martha Rojas
martha.rojas@contrareplica.mx

Tres décadas atrás, La virgen Marylin de Rolando de la Rosa paralizaba media ciudad. Tras una de las mayores protestas de feligreses católicos -presuntamente orquestada por el cardenal, Norberto Rivera, y el presidente de ProVida, Jorge Serrano Limón – el Museo de Arte Moderno accedió a retirar una instalación en la que se mostraba la silueta de la Virgen de Guadalupe con el rostro de la actriz estadounidense. Ahora, 31 años después, las fracciones más conservadoras de México demuestran que siguen vigentes y mantienen su poder.
Hace tan sólo ocho días el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) accedió a que los descendientes del caudillo Emiliano Zapata expresaran su desacuerdo con la pintura La Revolución en una cédula que el público de la muestra Emilizano. Zapata después de Zapata puede ver desde el lunes pasado. ¿Censura o pluralidad?
El crítico de arte y galerista, Rafael Matos Moctezuma, expresó en una entrevista, que la censura en la obras de arte no es un tema nuevo, ni tampoco exclusivo de México. Es un arma de dos filos “siempre desacertada para quienes la aplican y a veces, favorable para los artistas”.
“Desde luego es muy común, es un síntoma del atraso cultural, de soberbia represiva. Pero tiene un doble filo, por un lado coarta la libre circulación de las obras, pero por otro hace que los que no habían oído acerca del cuadro lo busquen por simple curiosidad” planteó el galerista.
Por otra parte el crítico y curador de arte Cuauhtémoc Medina expresó vía Twitter: “Un funcionario es un servidor público cuyo mandato está definido por las normas institucionales y sus fines. Un funcionario cultural no está para servir al gusto del público la moral o la dignidad de los héroes de la nación. Un funcionario no es un siervo del presidente. Zapata no luchó para que sus descendientes pudieran censurar a artistas y curadores”.
La consigna era clara y la opinión se dividió. Por una parte, los defensores en pro de una libertad de expresión garantizada en los artículos 5, 6 y 7 constitucionales (activistas, comunidad gay, intelectuales, artistas, académicos y galeristas, en teoría el propio INBAL, las dependencias federales) y por el otro simpatizantes y descendientes del revolucionario, que amparados en una consigna ideológica, que no admite otra representación del caudillo que no sea la de campesino viril y libertario, exigieron y lograron que se instalara la placa.

En ese sentido la polémica que rodeó a la pintura de Fabián Cháirez -quien por cierto ya trabaja en otra serie sobre la masculinidad, pero ahora en el campo del futbol- reveló que las fracciones conservadoras de la sociedad mexicana están presentes y tienen poder.
Luego de que los descendientes de Zapata y campesinos agredieran a miembros de la comunidad gay, el Presidente Andrés Manuel López Obrador pidió un diálogo al tiempo que dijo “No” a la censura. Se trató de una defensa de la libertad de expresión, que por la noche del 11 de diciembre tenía cara de acuerdo.
Un acuerdo no ilegal, pero sí inmoral.
El primer apartado dicta: “En este óleo Fabián Cháirez resignifica un ícono del machismo mexicano para visibilizar la diversidad sexual”. Pero en el segundo menciona: “Descendientes de Emiliano Zapata expresaron su desacuerdo con está obra”.
En su papel de institución cultural el INBAL ejerció una postura aparentemente neutral, en el que quizá el derecho de réplica, venció las nociones liberales de libertad.





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JG/CR

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