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“Llegué a matar personas sin saber por qué, solo porque me decían”

“Llegué a matar personas sin saber por qué, solo porque me decían”

Nación viernes 29 de noviembre de 2019 - 00:11

Por María Cabadas
maria.cabadas@contrareplica.mx

“Al ser compradora siempre entras en contacto con cierto tipo de personas (…) Y luego uno con malilla (síndrome de abstinencia), hace muchas cosas que no te imaginas. Yo llegué a estar cuidando gente que tenían encerrada, estuve viendo cómo enterraban personas porque estaban vendiendo drogas sin autorización”, cuenta Lucía, quien comenzó a prostituirse y a drogarse desde los 13 años de edad.
En el estudio Niñas, Niños y Adolescentes Víctimas del Crimen Organizado en México, elaborado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en colaboración con la UNAM, esta mujer, ahora ya mayor de edad, relata que su madre les aplicaba la droga a ella y a su hermana para tenerlas tranquilas la mayor parte del día.
“Como mi papá tomaba mucho, mucho, le pegaba a mi mamá, y ella usaba muchas pastillas, heroína y pues (…) No le gustaba cuidarnos y pues (…) nos inyectaba a mí y a mi hermana poquita heroína, para que no lloráramos, para que no le diéramos lata, pa’ dormirnos pues (…) Estábamos morras, yo tenía como seis años, no me acuerdo muy bien (...) Recuerdo que no me gustaban las jeringas, les tenía miedo”, expresa.
En el informe de la Comisión, Lucía, originaria de Mexicali, Baja California, narra que le pagaban para ir a golpear a personas y que incluso llegó a matar.
“Llegué a matar a otras personas sin saber por qué, sólo porque me decían que lo hiciera (…) Tuve que volverme dura y las drogas me ayudaban a no sentir (…) En esa etapa hice mucho daño, porque tenía que sobrevivir (…) Me gustaba lastimar a la gente.
Según el estudio, cada vez más el crimen organizado utiliza a los menores de edad pues estos son acreedores a penas mínimas y salen pronto de prisión.
“Los más pequeños trabajan como vigilantes, vigías o informadores en el monitoreo de trenes para calcular la cantidad de migrantes que llegan cada día al país, a partir de los 12 en adelante, se ocupan del traslado de la droga y comienzan a ser contratados como sicarios”, señala el estudio de 496 páginas.
El informe de la CNDH también destaca el caso de Manuel, quien en ese entonces de 16 años de edad, ingresó a una preparatoria privada, donde probó toda clase de drogas y comenzó a frecuentar a jóvenes que eran “halcones” del crimen organizado.
“Eran jóvenes normales que trataban de meterse a un círculo para identificar quien tenía dinero y ponerlo o secuestrarlo”, relata el hombre, quien en una ocasión sufrió un atentado por parte de uno de sus compañeros de preparatoria que iba armado.
Jonathan, con apenas 17 años, fue entrevistado por el organismo mientras estuvo detenido en un Centro Migratorio pues viajaba en una caravana desde Centroamérica rumbo a Estados Unidos. Él nació en San Pedro Sula, Honduras y asegura que vivía en constante riesgo pues fue cooptado y amenazado por La Mara Salvatrucha.
Con mucha tristeza en los ojos dice: “En mi país me espera la muerte”.
De acuerdo con el reporte, las condiciones económicas, sociales y culturales inciden como factores determinantes para que adolescentes de entre 12 y 18 años formen parte de grupos criminales, con el fin de adquirir no sólo retribuciones económicas, sino también reconocimiento por los demás integrantes de la organización criminal.
El Censo Nacional de Gobierno, Seguridad Pública y Sistema Penitenciario Estatales reporta que a nivel nacional en 2017 se cometieron 2 mil 615 conductas antisociales por la población de los Centros para Adolescentes, donde el mayor número corresponde con el delito de robo en diferentes modalidades en cerca del 42.7 por cierto.
Seguido del homicidio con 13.8 por ciento, lesiones, que representa el 4.8, violación con 3.9 por ciento y privación de la libertad con 1.1 por ciento.
Es en los estados como Sinaloa, Michoacán y Guerrero, los grupos criminales realizan actos ilícitos por medio de la amenaza y la violación a derechos humanos de las víctimas y de sus familias, atentan o privan de la vida como una forma de reclutar de manera forzada.

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JG/CR

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