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¿Y qué dice doña Rosario?

¿Y qué dice doña Rosario?

Columnas lunes 11 de noviembre de 2019 - 01:22



Alguien se ha preguntado ¿qué dice doña Rosario Ibarra de Piedra de la designación de su hija como presidenta de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, cuando su relación con el Presidente Andrés Manuel López Obrador pone en tela de juicio su independencia y autonomía a lo que le dicte quien, desde Palacio Nacional, la impuso como la ombudsman de la 4T, pero, sobre todo, cuando en medio está el fantasma del fraude?
¿Y la congruencia? ¿Y los valores? Rosario Piedra Ibarra, nueva presidenta de la Comisión, tendrá una responsabilidad superlativa al frente de ese organismo, ya que la relación de su familia, en especial la de su madre, con el Presidente ha puesto en entredicho la libertad y autonomía que requiere la CNDH.
Los conflictos que se dieron durante su elección en el Senado de la República comprometen aún más a la nueva ombudsman a garantizar la misión de proteger, observar, promover y divulgar los derechos humanos previstos en la legislación mexicana, en especial ahora que poco o nulo interés despiertan en el Gobierno lopezobradorista.
Piedra Ibarra se verá expuesta al permanente escrutinio de parte de diversos sectores de la sociedad que no descansarán al recordar sus vínculos partidistas y de amistad con el Jefe de Ejecutivo federal, además de que su experiencia en el comité ¡Eureka! la compromete a realizar un trabajo, valga decirlo, inmaculado.
En la mayor parte del mundo, la gente exige un grado de perfección sobrenatural a quienes hacen de la religión su profesión de vida, se tiende a exagerar sus debilidades y generalmente todas las miradas están puestas sobre ellos para señalar la más mínima falta en su conducta, y en un momento en que la defensa de los derechos humanos es equiparable a un credo religioso, la responsabilidad de Piedra Ibarra es mayúscula.
La experiencia, virtudes, conocimientos y la santidad de su vida de nada valen a los religiosos cuando se les descubre la más leve mancha en su labor: entre ellos no deben existir defectos morales, y es muy probable que la ombudsperson se encuentre en una condición equivalente.
Rosario Piedra ha destacado que “más de 40 años de militancia política con el comité ¡Eureka! que se fundó en 1977 con el propósito de aclarar los casos de desapariciones forzadas y esclarecer los crímenes cometidos por el gobierno contra los opositores, objetivos muy similares a los de la CNDH”, por lo que la nueva presidenta no tendrá perdón de parte de sus detractores al momento de apartar su labor para ignorar cualquier incumplimiento de parte del Estado mexicano.
El entredicho en que queda la libertad y autonomía de la CNDH es entendible, sobre todo cuando vemos que todos los órganos autónomos que tanto trabajo costaron construir están presididos por “cuates” como sucedía en las administraciones pasadas. ¿Dónde está la diferencia?

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/CR

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