37 Grados

37 Grados

Columnas jueves 29 de agosto de 2019 - 01:18


A las 2 de la tarde la sensación de calor supera los 41 grados centígrados, sin embargo, la sobrepoblación de 450 por ciento lleva al termómetro por arriba de los 50 grados durante varias horas al día y por la noche, que no logra descender del número 30. En estas condiciones viven más de mil 800 personas en un refugio a poco más de un kilometro de la línea fronteriza que divide Reynosa, Tamaulipas, y McAllen, Texas.

La Casa del Migrante ¨Nuestra Señora de Guadalupe¨, que se instaló en el Auditorio Municipal de la población de Reynosa, es el lugar donde los inmigrantes venidos de muy diversos lugares del mundo tienen que decidir si buscan “refugio, descanso y algo de comida”, o intentan cruzar ilegalmente a territorio estadunidense.

La estancia en este lugar los obliga al hacinamiento, contagio de enfermedades, al engaño y la constante violencia y discriminación. El pastor Héctor Silva trabaja por mantener este lugar en las mejores condiciones; sin embargo, ante los crecientes y delicados problemas que a diario enfrenta, la frustración y la resignación, parecen acompañarlo.

El pasado julio el sobrecupo superó el 450 por ciento, la capacidad del lugar permite atender a 400 personas, el número alcanzó las mil 800 y así conviven en condiciones muy difíciles, no hay espacio, ni camas, los baños son insuficientes al igual que el comedor. Las casas de campaña se multiplican y el hacinamiento es la constante sin importar las altas temperaturas, los múltiples problemas y las difíciles condiciones, los migrantes siguen llegando.

En el albergue de Reynosa se escucha inglés, francés, español e idiomas que para el religioso encargado del lugar son desconocidos. Los horarios del lugar, a pesar de la presencia de elementos de seguridad son constantemente violados, las riñas son frecuentes tanto entre hombres como entre mujeres y, las esperanzas “por cruzar” es lo que sí se mantiene.

En torno a este refugio, la situación en las calles para los habitantes de esta ciudad fronteriza se ha complicado ya que el desorden, la basura y la invasión de cualquier espacio libre, es el común denominador. Igual hay haitianos, guatemaltecos, africanos que dominicanos y hasta asiáticos. Las edades de los inmigrantes van desde recién nacidos hasta personas de la tercera edad.

Los letreros que indican “no hay lugar, no tenemos espacio o estamos saturados” tapizan la puerta y muros de esta Casa del Migrante. Las voces que piden ayuda, atención medica o simplemente refugio no cesan.

Las personas que buscan llegar a Estados Unidos o que han sido regresados a México desde el vecino del norte es creciente y amenazan con desbordarse. Hay que poner atención a este problema.

•Doctora en Relaciones Internacionales
ncalmarosa@gmail.com

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/CR

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