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Abril

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Columnas jueves 05 de diciembre de 2019 - 02:08

El caso de Abril Pérez Sagaón nos revela de la manera más cruda y brutal una verdad que ya no puede ser ocultada en forma alguna: nuestro sistema de justicia no es útil, porque no fue capaz de proteger la vida de Abril, como tampoco lo es con los derechos de millones de mexicanos.

El caso Abril es trágico por muchos aspectos. Primero, porque era una víctima que sufrió brutales agresiones en enero de este año, como lo evidenciaron las recientes fotos circuladas en redes sociales, las cuales muestran que el agresor rompió todo pacto de convivencia social, por lo que no debió dejar, bajo ninguna circunstancia, la prisión preventiva.

Como víctima de un delito tan grave, Abril debió ser tratada con respeto irrestricto a su dignidad, bajo una perspectiva de género reforzada. El proceso judicial que se instauró para protegerla debió ser adecuado a sus necesidades y a la tutela de su integridad, además de establecer un esquema de reparación psicológica y médica efectivo. Nada de eso sucedió y Abril fue abandonada por la justicia. Este caso representa todo lo que no debe ser un sistema de justicia, muestra nuestra decadencia como sociedad.

Este caso es relevante también, porque nos enfrenta a una terrible realidad en nuestro país: tenemos miles de casos como el de Abril, en los que las víctimas y personas que sufren violaciones a sus derechos acuden a un sistema de justicia que les da la espalda.

Es un sistema de justicia que ha olvidado su dimensión social, abandonando por completo a las personas a quienes debería proteger.

Un sistema de justicia que ha olvidado que el derecho se justifica y legitima, únicamente, cuando sus normas son interpretadas y aplicadas de manera que se convierten en auténticos instrumentos para la transformación positiva de la vida de las personas.

Nuestro sistema de justicia no es capaz de explicar y señalar: qué sucedió cuando hubo una transgresión a la ley; quién es el responsable; cómo se le va a sancionar; cómo se va a reparar integralmente el daño sufrido por la víctima y, desde luego, cómo se va a garantizar la no repetición del hecho ilegal.

Como nuestro sistema de justicia no es capaz de materializar estos aspectos en los conflictos que se presentan en nuestra sociedad, en México estamos muy lejos de consolidar vías institucionales que permitan la estabilidad, el orden, la paz y el progreso.

Estoy convencido que mientras en México las autoridades que tienen a su alcance las grandes decisiones, no se tomen en serio la justicia, difícilmente nuestra realidad cambiará.

Queremos terminar con la corrupción y la impunidad, comencemos por el sistema de justicia, es este el único camino para resolver nuestros graves problemas, lo demás es demagogia.

Nunca más, otro caso Abril.

Especialista en Derecho Constitucional y Teoría Política.
Twitter: @CASMAD_

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/CR

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