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Academia y Desarrollo

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Columnas viernes 13 de diciembre de 2019 - 01:30

La dignidad se entiende como el valor que posee una persona por el hecho de ser persona, portadora de una serie de características intrínsecas a su humanidad: razón, voluntad, integridad, corporalidad, etc. El reconocimiento dignitario también implica su manutención, que todos los seres humanos puedan mantener sus características sin menoscabo, y quizá, con un incremento que lo perfeccione aún más, como es el caso de sus facultades intelectuales. Si existe algo básico en el perfeccionamiento de la humanidad como especie, es que el cultivo de las capacidades, se mantengan a tal nivel que nada las merme.
Los maestros son fundamentales en el proceso dignitario de la humanidad, porque precisamente ellos generan el nutrimento formal de una mente y un cuerpo que contribuye al desarrollo social. Compartir todo ese conocimiento, entregarlo por el sólo hecho de confiar en que el “otro” puede ser mejor, es abonar una tierra enriquecida de la que flores y frutos alimentarán a las generaciones futuras. El centauro Quirón será un símbolo griego de tal actividad. Maestro de Aquiles, Jasón y de Asclepio, encarna esta dualidad que la profesión requiere. Quirón es un centauro, con una parte animal hacia el torso, y otra humana a partir del abdomen. Encarna la fiereza, la dureza de la formación responsable –un tanto salvaje-, y la humanidad caritativa que el maestro ofrece, mostrando la belleza humana de la impartición del conocimiento. El célebre maestro de héroes, es el símbolo griego al respeto y cariño de sus famosos alumnos, que lo terminaría deificando.
Respetar al maestro, es no solamente remitirse a su presencia corpórea, sino a la encarnación de su saber, al aprecio y respeto por sus ideas. Ninguna persona, en cualquier época o civilización, que se diga plenamente educada, puede abstraerse del profundo agradecimiento hacia nuestros mentores, con los que compartiremos por siempre algo de su esencia.
Respetar al profesor en las sociedades de mercado, implica reconocerles en todo momento lo arduo de su labor, y los estipendios no pueden quedar marginados del reconocimiento dignitario, u obligarlos a recurrir a otras fuentes de recursos. Respetar al maestro en una sociedad que aspira a la justicia, implica conferirle del instrumental que lo consagre a su labor con total empeño sin marginarlo con remilgues contables que los desprotejan. Los mayores beneficiados del reconocimiento dignitario a los profesores, serán las propias instituciones, sus autoridades y los estudiantes que podrán ver la elevación de la calidad docente, y el incremento del prestigio que nutre a una comunidad educativa en su conjunto. Recordemos el penoso informe de la OCDE en materia educativa y la vergonzosa situación mexicana: reprobados en lectura y en cálculo, y esto se extiende a veces hasta el nivel superior. Crear cuadros docentes estables, podría ser la respuesta.

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/CR

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