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Adiós Estado laico

Adiós Estado laico

Columnas martes 05 de febrero de 2019 - 02:29


Apenas ayer el agudísimo analista Gil Gamés publicó una columna en Milenio exhibiendo el abuso de referencias bíblicas en el discurso presidencial de AMLO. Unas semanas antes, la Coordinadora de Memoria Nacional Histórica y Cultural publicó un texto en el semanario Desde la Fe, una hoja parroquial. Y este fin de semana, supuestamente desde la oposición, José Antonio Meade hizo lo mismo y publicó un artículo de opinión también en el semanario católico Desde la Fe.

Así como en los últimos años se normalizó la participación del Ejército en cada vez más actividades públicas por la incompetencia de autoridades civiles, ahora empieza a normalizarse el papel de las iglesias y el discurso religioso en la política. La Iglesia y el Ejército en la política igual que durante el siglo XIX. La diferencia es que ahora fomentados por la autoproclamada izquierda. Nada más la semana pasada, los amanuenses del obradorismo justificaban la política exterior del Gobierno mexicano hacia Venezuela argumentando que tienen la misma posición del Papa.

La falta de respetabilidad ética en nuestros políticos los obliga a recurrir a liderazgos espirituales. Con la salvedad del citado Gil Gamés, nadie está protestando. La izquierda dice que nos falta reducir las tasas de divorcio, moralizar nuestras vidas y distribuye una cartilla moral para impulsar esta agenda.

Ya no tiene caso señalar la incongruencia entre la supuesta herencia liberal y juarista de la 4T con este impulso a la religiosidad pública. Si algo buscaron los liberales decimonónicos mexicanos fue sacar a la Iglesia y al Ejército de la política. Soy respetuoso de la fe, pero precisamente por ello considero que debería acatarse la disposición constitucional de la obligatoriedad del Estado laico. Que cada cual escoja su propia espiritualidad en tanto no cometa un delito. Y sería deseable que no nada más el Gobierno se sujetara a la normatividad vigente, sino también la oposición. Por otra parte, existen muchas otras expresiones religiosas en México fuera del catolicismo y el cristianismo. No por minoritarias merecen menor protección legal o exclusión. El sentido del Estado laico no es proscribir la religiosidad sino evitar favorecer unas expresiones sobre otras.

El oportunismo religioso en la política únicamente ha traído guerras civiles y discordia a los países latinoamericanos. Es una división demasiado añeja que se suaviza mediante la separación de la actividad religiosa de la esfera pública. No es un tema ideológico sino de estabilidad política y gobernabilidad. Es posible que la política mexicana empiece a asemejarse a la brasileña. Una proliferación de partidos políticos pequeños en el poder legislativo y una influencia excesiva de grupos religiosos (evangélicos, cristianos, católicos) en la política. No son pocos quienes afirman que AMLO quiere seguir el modelo de Lula. Recuerden nada más que después de Lula y Dilma, esa política condujo al poder a la extrema derecha de Bolsonaro.

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/CR

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