laopcionnota
Adiós, Tomasa

Adiós, Tomasa

Entornos lunes 12 de agosto de 2019 - 03:41


—¡Qué la chingada contigo! El hombre la fuerza a entrar en la cabina. Le ordena deja de rezongar, pinche mocosa.

Ella se pega en la frente con la manija de cambios. Suelta un grito, no puede parar la lloradera. El hombre sube a la troca y toma a la joven reciamente de los brazos; la obliga a quedarse inmóvil sobre el asiento.

—¿Por qué me hace esto? ¡Déjeme bajar! —pero él la silencia con un golpe del puño en el pómulo izquierdo.

La joven siente en el rostro una cosa que se quiebra, un estallido de calor le va secando el respirar.

El otro hombre, lampiño y más joven, sube a la troca y se coloca ante el manubrio.

—¡Arráncale, cabrón!

—el primer hombre acomoda el espejo retrovisor del asiento de copiloto. Vuelve la mirada a la joven. Ella gimotea, queriendo hundirse aterrada en el plástico caliente del asiento. Él le acerca su aliento a cerveza y tabaco—: ¿Ya ve cómo sí se puede quedar calladita, mujer?

Abre la guantera. Saca una bolsa naila de color negro. Arquea el brazo izquierdo y, tomando a la muchacha del cuello, le cubre la cabeza con la bolsa. Ella vuelve a gritar. Escucha la voz de trueno que sale del cuerpo del hombre:

—No hay nada en el camino que a usted le interese ver. No me salga alharaquienta…

Ella se agita, hipa, tira con la derecha un manazo que se muere en el aire. Teme no poder ya nunca respirar. Sin mayor forcejeo, el hombre la somete del torso. La obliga a recostar la cabeza sobre sus piernas. Ella siente cómo las lágrimas van mojando el interior de la bolsa, que se le pega contra las mejillas igual que si fuese unacobija de sudor.

No sabe cuánto permanece ya quieta y silenciosa. Ruega que todo se borre como por milagro, hasta que a sus oídos llegan los ritmos de un acordeón y un bajo sexto, luego las voces afinadas de dos hombres:

Trigueñita hermosa, cuando tomo vino siento muchas ganas de contigo platicar.

La camioneta avanza. El movimiento irregular por el camino de terracería le hace ir distendiendo las amarras de los nervios.

Vuelve en sí. Todo está oscuro. Dónde se halla, no sabe. Le van regresando las imágenes de antes, de tantito antes. ¿Todo fue un mal sueño? El hombre la sacude y el terror le vuelve desde las mismas vísceras. Llora.

Se ha detenido la troca.

—¿Ya ve qué fácil es ir calmadita y no estarle dando guerra a la gente?

Él le quita la bolsa. Ella jala el aire con desespero, igual que si acabara de nacer. Ve una casa de techo a dos aguas, la puerta de encino, un lavadero, un corral con vacas. El hombre baja y la estira del brazo. Cuando ella pone un pie en tierra, recibe el viento fresco en la cara. Un disparo de energía y coraje le endurece las venas. Corre por el camino de grava en dirección contraria a la casa, donde la cerca ha quedado tendida en el suelo y el paso está franco hacia la cuesta. Sus piernas temen resbalar con cualquier cosa, grita ¡déjenme!

El Chalío corre detrás, con tres zancadas la alcanza. La toma de los cabellos, le suelta un chingadazo en la cara.

Ella cae sin más. Todo se vuelve un perderse y hundirse y ahogarse en nieblas macizas.

Despierta con un sismo quemante en la entrepierna. Se ve tendida, sin ropa, en un catre. El cuerpo del hombre se halla sobre su cuerpo desnudo. Todo le duele.

El vientre le arde. Por debajo de la piel se le va ensanchando una garra abrasiva, un destrozar rasposo que está hiriéndola. Hay en torno suyo un olor a sucios trapos mojados que le ataca los poros, y la peste a cigarro y cerveza saliendo de la boca del hombre.

—¡Pinche puta! —el hombre le aplasta la boca con la mano—.

¡Eres una resbalosa! ¿Quién fue el primero? ¡Dime quién fue el primero, o te rompo la madre! Jadea. La mira con ojos de aullido. La penetra con más furor mientras ella busca empujarlo con las manos. Grita y llora hasta que, sin poder más, vuelve a caer en la inconsciencia.

El hombre tenía casas y escondites en varios lugares de la sierra. Siempre andaba armado. El Chalío y otros hombres que aparecían y desaparecían eran sus socios, choferes, guaruras, sicarios. Cada que ella intentó escapar fue atajada, recibió golpes.

Quedó embarazada en tres ocasiones, abortó las dos primeras sin que fuese atendida por un médico ni mucho menos por una partera.

Envie un mensaje al numero 55-12-88-20-96 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

YC/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas


+-