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Aniversarios

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Columnas viernes 22 de noviembre de 2019 - 00:47

Acabamos de celebrar el aniversario de la Revolución. Un acontecimiento histórico digno todavía de mucho análisis y sobre todo de muchas desmitificaciones. Nuestro México mítico construye meta historias que no siempre responden a la realidad ni resisten al análisis crítico. En este modus cogitandi se encuentran algunos acontecimientos históricos, situaciones religiosas y no pocos personajes e instituciones.
El foco no es desmitificar, matar el mito sino demitificar, es decir, depurarlo.
Los mitos son formas culturales sintéticas de explicar la realidad y lo trascendente. Son extraordinariamente importantes para entender una determinada cultura, su trasfondo, sus circunstancias y sus esperanzas. Los mitos pueden jugar también en el ámbito de la interpretación y hasta del utilitarismo.
Hernán Cortés, por ejemplo, personaje histórico controvertido, se ha transformado en un auténtico mito para explicar una parte del descubrimiento de América y los acontecimientos que se sucedieron posteriormente. Hay quien lo usa para reclamar una opresión y quien lo interpreta como el símbolo del mestizaje. Afortunadamente, junto a él, ha crecido el otro extraordinario personaje real y mítico: La Malinche, signo de contradicción también en el foro de las interpretaciones.
El mito de La Malinche (Malintzin o Malinalli o Marina) también ha sido reinterpretado desde diversos ángulos en la narrativa contemporánea latinoamericana además de ser probablemente la única mujer indígena de la época de la Conquista nombrada no sólo en los registros históricos, sino también en el imaginario popular.
La serie de Hernán Cortés, lanzada por TV Azteca, volverá a poner en medios y sobremesas discusiones de primer nivel (algunas argumentadas; otras radicales) que nos harán crecer, seguro, en el análisis de este prócer mítico. El México moderno no se puede entender sin este extremeño tan genial como contradictorio.
El análisis histórico debería partir siempre de bases objetivas dejando el menor espacio posible a la imaginación o la interpretación. La reflexión tiene que incluir los episodios que han marcado nuestra historia y supuestamente nos han dado patria.
Los clásicos latinos identificaban la historia como magistra vitae, maestra de la vida y nuntia vetustatis, mensajera de la ancianidad, es decir experiencia y proyección; análisis y síntesis. Cada aniversario, cada personaje, cada episodio debería estar enmarcado en este pensamiento, para mirar con objetividad y proyectar con sensatez.
Pasar por la historia de prisa y corriendo sin ir a fondo y establecer conclusiones nunca ayuda. Un aniversario es una vuelta al tiempo para extraer aprendizajes. Claro que siempre puede venir acompañado de desfiles, discursos y símbolos, pero dejando espacio a algo de pensamiento crítico que nos permita mejorar.
Los aniversarios permiten ubicar al ser en el tiempo y disfrutar una experiencia renovadora. Hay que ser míticos en el sentido pleno del concepto y no místicos del mito.

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/CR

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