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Argentina y su llanto contagioso
Argentina y su llanto contagioso

Columnas jueves 09 de mayo de 2019 - 03:00


Argentina llora, al igual que se lamentan todas aquellas naciones cuyos ciudadanos han encumbrado en el poder a líderes populistas. Y pueden haber muchas discusiones académicas sobre la definición de populismo (si se trata de una forma de gobierno, de un conjunto de prácticas, de una ideóloga o de un tipo de liderazgo). Pero no obstante la complejidad del tema, para fines prácticos yo lo defino como la exaltación de un caudillo, que alimenta el culto a su personalidad; y que busca mantener el control político a través del uso de programas gubernamentales de corte clientelar.

▶ Desde luego que el fenómeno ha evolucionado mucho desde que Juan Domingo Perón y su mujer lo convirtieron en un sello de la casa. Y aunque ellos no lo inventaron, ni tampoco fueron los primeros de este lado del Atlántico, sí lograron ponerle un toque personal. Tan es así que se convirtieron en leyenda, al grado de que el peronismo de izquierda se hizo gobierno y es hoy la principal oposición; mientras que Evita sigue siendo un modelo a seguir para algunas primeras damas, cantantes famosas y pseudo intelectuales.

Pero lo sorprendente es que, aún con el paso de los años y las múltiples calamidades políticas de los argentinos, el peronismo se ha convertido en un “producto” de exportación: como Gardel, el Ché, Maradona y Messi; porque nadie experimenta en cabeza ajena.

Ahora que para dimensionar la devastación política y económica de esa nación, basta con recordar que, hasta antes de la llegada al poder de Néstor Kirchner, ese pueblo había transitado por crueles y sangrientas dictaduras, aventuras bélicas absurdas; y gobiernos que se alternaron entre la frivolidad, la incompetencia y la corrupción.

La consecuencia (no sé si lógica o no) fue volver al populismo en el 2003.

Los Kirchner hicieron una buena venta de cuentas de vidrio y espejos, que supuestamente servirían para revivir tiempos gloriosos. Esa parece ser la fórmula que continuamente se repite: cuando no apelan a Simón Bolívar, enaltecen regímenes militares o desentierran sucesos de centurias atrás.