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Columnas martes 13 de agosto de 2019 - 03:18


Otra vez se equivocaron las encuestas de manera grotesca. Si bien apuntaban a un posible triunfo del peronismo, ningún pronóstico calculó la aplastante ventaja sobre la fórmula oficialista del presidente Macri. Hace unos años, cuando Macri llegó al poder, se convirtió no solamente en el favorito de los mercados, sino de la prensa internacional. Había llegado a la presidencia un líder dinámico, moderno y entendedor de la economía, dijeron. La euforia colectiva de los medios de comunicación se desbordaba. Prácticamente había llegado al poder quien salvaría Argentina. Portadas en revistas como Time y The Economist, primeras planas en los periódicos más importantes del planeta. Macri por aquí y por allá. El Financial Times sugirió en varios artículos la importancia de invertir en bienes raíces en Buenos Aires. A decir del rotativo británico, los precios de las propiedades despegarían a la par que la economía argentina. No faltó incluso quién lo sugirió de referente para México.

Las expectativas que Macri despertó entre su electorado fueron tan desproporcionadas que la desilusión debía ser equiparable. Al conocerse la derrota de Macri la noche del domingo, se desplomó la moneda argentina y otro tanto les ocurrió a las acciones de las empresas de aquel país cotizando en la bolsa de valores de Nueva York. En América Latina hemos visto esta historia infinidad de veces. Un favorito de la prensa internacional, el presunto modernizador que luego se convierte en el diablo. La sobreventa de expectativas ocasiona este desencanto. Lo mismo en la izquierda con Lula da Silva que en la derecha con Saúl Menem. El desmentido de la realidad a las exageradas promesas de campaña y el supuesto heroísmo de un político posteriormente sacudido pormúltiples escándalos de corrupción.

Se siente ahora la condescendencia de la prensa internacional hacia los electorados de los países en vías de desarrollo. ¿Cómo pueden escoger una vez más el modelo populista? Eso preguntan los medios de las metrópolis, como si en sus países no avanzara dramáticamente la demagogia. Los gobiernos liberales no le cumplieron a sus poblaciones y presumieron como exitoso un modelo que incrementó sensiblemente la desigualdad. Ni hay examen de conciencia en términos de resultados sociales ni se reconoce y castiga la gigantesca corrupción engendrada al amparo del poder.

Ayer Jesús Silva-Herzog Márquez escribió uno de sus mejores artículos y apuntó la brutal insensibilidad de José Antonio Meade frente al racismo. Mientras el liberalismo no reconozca que el modelo no cumplió lo prometido, que la pobreza, la desigualdad y el racismo mexicanos siguen siendo insultantes, el populismo regresará una y otra vez. Si las llamadas élites no plantean un modelo de sociedad más justa, lo harán los demagogos. Trump y Johnson ya llegaronal poder en las democracias más avanzadas de la Tierra. Los costos los pagará todo el planeta.

•Internacionalista y analista político:
@avila_raudel

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/CR

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