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Arturo Rodríguez

Arturo Rodríguez

Columnas martes 23 de julio de 2019 - 02:54


Tengo el gusto de conocer a Arturo Rodríguez, periodista de Proceso, aproximadamente desde hace tres años.

Lo conocí durante la presentación del
libro El amasiato de Álvaro Delgado, en la feria del libro del Zócalo. Hago esta aclaración por honestidad profesional y para reconocer el sesgo personal en las
palabras que siguen. Arturo es uno de los reporteros ofreciendo cobertura a las conferencias mañaneras de AMLO en Palacio Nacional.

Ayer, Arturo defendió el periodismo como una actividad independiente del poder frente al Presidente
de México, quien se quejó de que la revista Proceso “no se portó bien con nosotros”. La respuesta de Arturo reivindicó su trabajo y el de sus colegas “no es papel de los medios portarse bien, Presidente, con alguien”. Molesto, el Presidente contestó, entre otras cosas “es muy cómodo decir: Yo soy independiente o el periodismo no tiene por qué tomar partido, o apostar a la transformación. Entonces, es nada más analizar la realidad, criticar la realidad, pero no transformarla”. Con mucha valentía, Arturo se atrevió a contradecir una vez más la opinión presidencial “No, es informar, Presidente… usted pide que editorialicen nada más a favor de usted”.

El Presidente confunde dos actividades, la del político y servidor público activo, con la del reportero o
el periodista. Le exige a este último comprometerse con su causa “de transformación” o ser un promotor del conservadurismo. El oficio informativo le merece desprecio, él demanda tomar posiciones. Es propio de la intolerancia dividir a la gente en dos bandos, quienes están a favor y en contra. Paradójicamente, es una postura muy de derechas. Eso decía Felipe Calderón cuando alguien se atrevía a criticar la guerra contra el narcotráfico. Insinuaba injustamente que los críticos se ponían de parte de los criminales.

Otro tanto hizo el expresidente de Estados Unidos
George Bush hijo, cuando declaró “o estás con nosotros o estás con los terroristas”.

Las apreciaciones sobre la vida pública pueden adquirir tonalidades intermedias entre el sí y el no, pero el fanatismo se disgusta con la moderación y aborrece los matices. Entiende el mundo en términos de incondicionalidad. La política en una sociedad tan diversa como la nuestra pide de nosotros mucha
conciliación. Por eso, de las palabras del Presidente López Obrador ayer, prefiero quedarme con las que concluyó su intervención “qué bueno que podamos debatir así”. En efecto, es preciso reconocerle al titular del Poder Ejecutivo su disposición para ser cuestionado públicamente por los periodistas mexicanos
y corresponsales extranjeros. No así el señalamiento desde el poder contra los críticos. La crítica ha sido, es y será el distintivo del periodismo de calidad.

Desde aquí, le mando a Arturo un abrazo con la
fraternidad y respeto profesional de un colega que admira su gallardía para plantarse ante el poderoso, pero también con la simpatía del amigo.

•Internacionalista y analista político:
@avila_raudel

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/CR

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