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Ayotzi ¿vive?

Ayotzi ¿vive?

Columnas miércoles 25 de septiembre de 2019 - 01:30

Hace 5 años estaba parada frente a una puerta de metal a las afueras de la Normal Isidro Burgos. Un camarógrafo y un asistente de la empresa donde trabajaba me veían con incredulidad.

Pensaban que no íbamos a lograr entrar. Eran más de 50 estudiantes desaparecidos (la primera cifra) y había pasado apenas un día de aquel 26 de septiembre. Dentro estaban los familiares de los estudiantes que acababan de ser atacados por comandos policíacos. Tras explicarles razones a través de una rendija, milagrosamente nos abrieron y empezamos a hablar con los familiares.

▶ La fotografía la guardo en mi mente. Los padres se tomaban de las manos, se abrazaban, no podían creer lo que acababa de suceder. El llanto y la tristeza reinaban. ¿Cómo pudimos llegar a este punto? Esa pregunta invadía mi cabeza y taladraban lo profundo.

Ante el dolor y por respeto a los padres decidimos no grabar.

En vez de eso, hablamos con algunos voceros y armamos la nota que nos pedía la empresa. Sin embargo, en mi vida como reportera entendí que bajar el micro y conectarse con la gente es a veces la mejor opción. Nadie imaginaba que después de 5 años, la situación seguiría prácticamente igual. No sabemos en dónde están los estudiantes o si alguien acabo con su vida. Este es un país donde se pueden desaparecer un grupo de 43 personas y no dejar rastro.

En estos 60 meses, los padres han tenido un trayecto de horror: les recetaron la “verdad histórica” de Murillo Karam, han tenido que aguantar los desplantes de Peña Nieto y sus subalternos. Ni hablar de las reuniones simuladas donde no sucedía nada.

Han pasado del llanto y el dolor, a la revictimización. Algunos han contraído enfermedades, se han acabado el patrimonio y han recorrido el mundo entero buscando ayuda. Han aprendido de leyes y son expertos en desapariciones, fosas y pruebas de ADN. Han aprendido a vivir en el dolor y a sacar fuerzas de ningún lado. Pero nada de esto debió ser así.

En un país donde la justicia funciona, la historia sería distinta: desde el momento uno habrían recibido apoyo económico, psicológico y legal.

Habrían tenido una investigación libre de maquillaje y sombra. No habrían tenido que salir a buscar a montes y calles. Las palas y picos se utilizarían solamente para la construcción de un inmueble o para plantar un árbol.

Habrían sido protegidos de cualquier represalia y recibido la reparación integral del daño.

Pero NO. La realidad es distinta.

El dolor no ha cesado y la esperanza se consume. De hecho, el único resto encontrado perteneciente a Alexander Mora, ni siquiera ha sido entregado a sus padres. Ayotzi vive y al menos para ellos, la lucha siempre sigue.

• Periodista

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/CR

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