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Biocultura y nuestra memoria colectiva

Biocultura y nuestra memoria colectiva

Columnas martes 17 de diciembre de 2019 - 00:29

México es un país lleno de conmemoraciones que nos permiten reconocernos y generar un sentido de identidad y pertenencia, en donde los personajes son inmortalizados en la construcción de héroes y villanos alejándolos de su realidad de seres humanos con defectos y virtudes.
La memoria histórica de la colectividad nos permite comprender el presente e interactuar con él a través de elementos que nos facultan para el reconocimiento de fortalezas y debilidades, y nos conducen a la planeación e interacción con nuestro entorno. En el ser humano podemos reconocer tres dimensiones de la memoria: la genética, la lingüística y la cognitiva, estas dos últimas estrechamente vinculadas a lo que hemos denominado cultura. Esta memoria triple está determinada por el contexto espaciotemporal, cultural, biológico y geográfico que representa la más clara evidencia de la historia que hemos desarrollado con nuestro entorno.
La memoria colectiva ha sobrevivido en la mente y cuerpo de las diversas configuraciones sociales que existen —y han existido—, y representa un elemento inconmensurable en la diversificación de las expresiones culturales vinculadas, por ejemplo, a prácticas productivas organizadas bajo un acervo de conocimientos tradicionales que unen la práctica misma con la interpretación de la naturaleza y el sistema de creencias asociado a los rituales y mitos de origen que, en su conjunto, reflejan la riqueza de observaciones de la naturaleza que los pueblos originarios han realizado, mantenido, transmitido y perfeccionado a lo largo de su historia.
México tiene una deuda pendiente con sus comunidades. A nuestro país le ha faltado reconocer y garantizar el manejo tradicional de los conocimientos milenarios que se transmiten de generación en generación de forma individual y/o colectiva, y de los que no existe un reconocimiento de sus derechos morales ni patrimoniales siendo estas comunidades las principales promotoras de sus prácticas gastronómicas y de medicina tradicional.
Los conocimientos generados por las comunidades que han desarrollado en su relación con su entorno natural, cada vez son más utilizados por corporaciones transnacionales, que después de analizar sus particularidades las reproducen para fines comerciales, generando un saqueo de los conocimientos de los creadores originarios.
Con la reforma de 2009 al artículo cuarto párrafo 12, se le dio un mandato claro al Congreso, expedir las leyes que establezcan las bases sobre las que la Federación, las entidades federativas, los municipios y Ciudad de México deben coordinar sus acciones en materia de cultura y patrimonio natural. Al respecto, el principal reto es el orden jurídico que garantice a las comunidades y grupos culturales que su patrimonio pueda trasmitirse generacionalmente.
Sin duda, es un gran avance que algunas legislaturas locales hayan incorporado ideas y criterios de la Unesco para la protección del patrimonio cultural intangible. Sin embargo, se requiere un amplio marco jurídico que proteja, reconozca y garantice los derechos de las comunidades en sus distintas expresiones culturales.

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/CR

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