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Bob Clemente, orgullo latino a la inmortalidad

Bob Clemente, orgullo latino a la inmortalidad

Columnas lunes 19 de agosto de 2019 - 01:39


"El béisbol es analogía de la vida misma” Cuando te entregas por tu equipo, dando incluso la vida por él, siempre serás recordado como un grande al paso del tiempo.

Corriendo a primera base. Hay peloteros que el Olimpo Beisbolero debería darles oportunidad de jugar eternamente, que pudiéramos verlos, no sólo en el diamante, sino en su vida diaria, para conocer a deportistas que entendieron que más importante que un Home Run era trabajar en pro de una mejor sociedad, que no sirve ser campeón si al pelotero latino se le segrega racialmente. El más icónico es Roberto Clemente, jardinero derecho de Piratas de Pittsburgh de 1955 a 72.

Robando segunda. Nativo de Puerto Rico, Clemente fue jugador de cinco herramientas, poseedor de un bat oportuno, así como una defensa en el jardín derecho que haría palidecer a cualquier ejército, incluyendo el misil que tenía por brazo, tan temido por los corredores rivales. Esas cualidades fueron clave para que Piratas concretara una de las grandes sorpresas, cuando en 1960 dieron cuenta de los Yankees de Nueva York.

Camino a la antesala. Pocos reconocían la importancia del número 21, inclusive, dada la situación racial en EU no recibía tratos similares a los peloteros blancos. Eso fue un rejón por el que se dio a la tarea de luchar por cambiar. “Creo que todos somos iguales, pero hay que luchar duramente para mantener esa igualdad” es frase que lo pinta de cuerpo entero y vaya que luchó, por él, por sus compatriotas, por los latinos.

Barridos en home. Varias fueron las acciones por apoyar a los latinos, clínicas beisboleras gratuitas, donaciones, ello aparejado de años espectaculares con Pittsburgh, para ser el mejor jardinero derecho de la historia, aunque la prensa jamás lo reconoció así hasta el 71, cuando guio al barco Pirata a derribar Orioles en la Serie Mundial, lo que fue insuficiente en tiempo, porque cuál broma del destino, el 31 de diciembre del 72, cuando llevaba ayuda humanitaria a una Nicaragua azotada por un terremoto, el avión donde llevaba los víveres colapsó, falleciendo en el accidente.

Jugada en revisión. Llegaron así los reconocimientos postmortem: Salón de la Fama, retirar su tradicional 21 en Piratas, número que todo pelotero boricua desea portar, instauración del premio anual con su nombre para el jugador que realice las más destacadas obras sociales, pesó lo que no le reconocieron en los años silentes, la realidad es que al ver el 21 el aficionado abre su mente para evocar su legado.

Jugada del recuerdo. Si 1971 ganó Serie Mundial y reconocimiento a su valía, en 72, en su último juego llegó a meta personal, los 3,000 hits. No pudo tener mejor colofón a su paso en el diamante, ese día selló, sin saberlo, su gran carrera y 2 meses después llegaría su llamado al equipo celestial.

•Periodista y analista deportivo
edmundoantonio21@gmail.com/@edmondDestrella

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