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Bolsonaro, tigre de papel

Bolsonaro, tigre de papel

Columnas miércoles 04 de diciembre de 2019 - 02:09

Jair Bolsonaro llegó al poder hace casi un año con un discurso de “hombre fuerte” campeón contra la corrupción, el crimen y el “comunismo”. Hoy es el mandatario más impopular en la historia reciente de su país, nulo es su prestigio internacional y su posición política, precaria.
El presidente brasileño abusa, como buen populista, de una retórica violenta y antidemocrática. Ataca constantemente a las instituciones, la justicia y los medios de comunicación. También es racista y homofóbico, al grado de haberse ganado el apodo de "Hitlerzinho de los Trópicos".
Ha sido incapaz de construir una base parlamentaria efectiva y mantiene una pésima relación con el Poder Legislativo. El Congreso brasileño es difícil de manejar, más aun cuando se trata de un presidente tan polarizador. Ningún partido cuenta con mayoría parlamentaria. En la cámara baja, el número de partidos con representación es de 30, y en el Senado es de 21.
El Partido Social Liberal , con el cual Bolsonaro ganó las elecciones, se ha desprestigiado irremediablemente. Por eso, el presidente acaba de fundar un partido propio anticomunista, antiglobalizador, defensor del derecho a poseer armas y “promotor de los valores cristianos”. Su símbolo es el número “38”, el calibre de un revólver.
Cierto, el gobierno ha tenido algunos éxitos, como la aprobación de la reforma de las pensiones y haber instituido una paga extra para los que se benefician de la Bolsa Familia, programa herencia de Lula.
Pero hasta ahí. De potencia geopolítica en ciernes, Brasil vuelve a ser un país cerrado en sí mismo y acusado por una gran parte de la comunidad internacional de irresponsabilidad ecológica a raíz de los incendios en la Amazonía.
Se recuerda con desagrado el absurdo discurso de Bolsonaro en la ONU, donde acusó a los líderes extranjeros de amenazar la soberanía de Brasil y tachó de “falacia” la declaración de la Amazonía como “patrimonio de la humanidad”.
En lo interior, la actual administración decepciona y quiebra expectativas, con una economía atrofiada y desencantos también en el tema de la lucha contra la corrupción. Hasta el entorno cercano del presidente está salpicado por los escándalos, incluido su propio hijo Flavio, involucrado en oscuras transacciones.
La semana pasada, Bolsonaro decidió frenar un paquete de reformas económicas el cual incluía cambios importantes al sistema tributario y medidas de austeridad en los gastos de la función pública.
El presidente teme un efecto de “contagio” de las recientes protestas protagonizadas en varios países latinoamericanos, más ahora con Lula da Silva libre y capaz de movilizar a sus simpatizantes.
Un “hombre fuerte” precisa para consolidarse en el poder de mayorías parlamentarias sólidas. De no contar con ello, es necesario dar lugar a la negociación y el diálogo. Insistir en las retóricas confrontacionistas es inadmisible y contraproducente.

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/CR

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