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Cada proceso es Babel

Cada proceso es Babel

Columnas lunes 09 de septiembre de 2019 - 02:20

El título de este artículo alude a un texto del poeta mexicano Eduardo Lizalde, “Cada cosa es Babel”. Eso diría el autor del Tigre en la casa, también, del proceso penal en México.

La fracción I del artículo 20 de la Constitución prevé, a partir de junio de 2008, que el objeto del proceso penal es: “el esclarecimiento de los hechos, la protección del inocente, procurar que el culpable no quede impune y que el daño sea reparado”.

¿No se le pide demasiado? ¿El procedimiento abreviado no riñe con el esclarecimiento de los hechos?

En un texto, ya célebre, el procesalista Mirjan Damaska ha dado cuenta de los fines contrapuestos que dos sistemas de derecho, dos formas de concebir el mundo, dos cosmovisiones, plantean. Uno, el common law, la tradición angloamericana, otro el sistema romano germánico, la tradición continental. El primero ve en el proceso un campo en el que la táctica y la estrategia sirven para solucionar el conflicto que deriva del delito. Otro, quiere encontrar la verdad o, como dice Damasca, implementar políticas.

Pues resulta que, en nuestro país, pretendemos que convivan, amigablemente, estos dos sistemas que son como agua y aceite.

La reciente liberación del Cabo Gil tiene que ver, precisamente, con la prevalencia de una de las teorías importadas de Estados Unidos: La escuela de “Los frutos del árbol envenenado” que, a grandes rasgos, dispone que todo aquello que derive de la prueba obtenida ilícitamente será igualmente ilícito. Sucede que importamos incompleta la teoría. No le agregamos sus excepciones: el descubrimiento inevitable, la fuente independiente, el vínculo atenuado.

Y así, aunque hay otras pruebas, muchas, independientes, que nada tienen que ver con la confesión o el aseguramiento y que incriminan al Cabo Gil en los hechos que se le imputan, pues a la autoridad judicial se le hizo fácil liberarlo, gracias “al efecto corruptor” de la, a su parecer, captura ilegal.

¿Qué la captura fue ilegal? Pues caray, que se sancione a quien así aseguró. ¿Qué la confesión se arrancó con violencia? Gravísimo. Castíguese ejemplarmente. Pero si buena parte de las pruebas que vinculan al Cabo Gil con los hechos, terribles, de Iguala nada tiene que ver con estas prácticas irregulares, resulta absurdo, por decir lo menos, que el personaje esté en la calle dispuesto a celebrar las fiestas patrias.

Prácticas judiciales, que conducen a liberaciones como esta, avaladas por algunos ministros de la Corte, motivan la Babel procesal en la que ahora nos hallamos. Motivan la distribución de equívocos que definen al sistema procesal penal mexicano: “Esto es un error del policía. —No, es culpa, del fiscal. —Que no, es culpa del Juez que está en el Olimpo” Mientras no reconozcamos que uno de los vicios de origen del fallido sistema acusatorio mexicano es la ausencia de capacitación conjunta de los operadores, la carencia de empatía, proseguirá la Babel procesal. Ésta dará pie a un círculo perverso: A más liberaciones, más culpas distribuidas, más criminales favorecidos, más contrarreformas, menos claridad, más liberaciones.

Cada proceso es Babel

•Excomisionado Nacional
de Seguridad: @Ley13091963

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/CR

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