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Cóctel y destellos de banalidad

Cóctel y destellos de banalidad

Columnas lunes 03 de junio de 2019 - 03:29


Una extensa fila de paraguas de colores, cubrían a los impacientes visitantes que esperaban en compañía de la Bailarina Sentada de Jeff Koons. “Pues van a ser como tres o cuatro horas de espera, señorita; ahí como usted vea”, decían los encargados del valet parking como bienvenida, señalando la antesala de aquella multitud que buscaba esconderse del Sol, o que ya resignada, tomaba uno de los juguitos Jumex como consuelo.

“¿Y sí estará buena la exposición?”, preguntaban los curiosos que pasaban y desistían al ver la fila casi a la altura de las vías del tren, frente al Soumaya. “Niños, personas de la tercera edad y sus acompañantes pueden pasar de este lado”, gritó un encargado del Museo Jumex como rescate ante mi incógnita sobre seguir formada o no en el segundo domingo de Apariencia Desnuda: El Deseo y el Objeto en la Obra de Marcel Duchamp y Jeff Koons.

El recorrido dio inicio en el tercer piso, albergue de la icónica réplica de arte conceptual, La fuente, un urinario dentro de una vitrina bajo la firma de R. Mutt, que actualmente se le atribuye a Duchamp y que forma parte de su colección de ready-mades; objetos que al ser extraídos de su uso ordinario, se convierten en arte al ser exhibidos con esa intención y servir como antídoto del arte de rutina. Frente a esta subversiva obra, se encontraba brillante un conejo metálico de acero, pequeño en comparación de la Venus Metálica de Koons, pero la obra de arte más cara vendida por un artista vivo y subastada el pasado 15 de mayo por 91 millones de dólares.

La ironía y el absurdo de pronto tomaban una forma social, horas de espera para apreciar lo cotidiano; un urinario, una licorera, un salvavidas, aspiradoras, el arte de capturar lo extraordinario en lo ordinario y la sublevación ante el color y el brillo.

De pronto, me sentí como esa niña de 4 años que se abalanzaba ante la montaña colorida de Play-Doh (obra a escala de un regalo que le hizo su hijo a Koons al mezclar plastilina), mientras su madre la jalaba de regreso y el guía exclamaba “¡ay no! ¿pueden creerlo?”.

Y es que en realidad es increíble. El poder de la modernidad, la libertad del juego artístico y los estándares sobre el arte, ¿un Van Gogh que murió en la pobreza, pero qu trascendió con sus cuadros de paisajes, retratos, naturaleza muerta, o un conejo al vacío como reflejo de la sociedad?

Nos encontramos en un periodo de libertad artística, pero entonces… ¿será que la libertad radica en la oposición, en la burla y réplica de conceptos actuales o en el caos de la controversia que indiscutiblemente vende millones?


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/CR

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