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Cómo mejorar los desfiles

Cómo mejorar los desfiles

Columnas miércoles 18 de septiembre de 2019 - 01:20

Nuestro Presidente Eterno, Supremo Artífice de la Transformación Nacional, lo volvió a hacer: revolucionó una, otra de las tradiciones más arraigadas de esta patria feliz, feliz, feliz: el desfile del 16 de septiembre. Esta vez, desfilaron pipas de Pemex, adultos mayores y algunos de los llamados ninis, entre otros invitados no habituales en estos festejos. Una sola palabra que decir: maravilloso.

Propongo desde esta tribuna revolucionaria, oh, Huey-Tlatoani, que esa vocación innovadora se prolongue a las ediciones de los años venideros de su administración. ¿En qué pienso? Algo así:

2029. Gallardamente, con puntualidad, las corporaciones que tradicionalmente protagonizan esta fiesta patriótica y popular —ejército, marinos, policías de diferentes órdenes— comparten las calles del Anáhuac con un contingente de la Guardia Nacional, configurando un gracioso juego de malabares que consiste en intercambiar uniformes según avanza el desfile, como un recordatorio de lo que hacen habitualmente: ahora soy soldado, ahora soy Guardia Nacional, ahora soldado, ahora Guardia, soldado, Guardia, etc. Los uniformes de la Guardia llevan ya el nuevo escudo con el grito de guerra “Fuchi, guácala” y, abajo, la frase en latín “Mater, puerum tuum ut soleam tenaci ferit”, o sea: “Madre, dale un chanclazo a tu hijo”, en traducción más o menos libre.

Atrás, el contingente de la Función Pública. Alineados, henchidos de orgullo por trabajar a las órdenes de la Elliot Ness mexicana, la secretaria Irma Eréndira Sandoval, llevan carteles que dejan leer: “Bartlett es un orgullo para México” y “Caserones, no investigaciones”. Enseguida, un piquete de trabajadores que esperan que en el aeropuerto de Santa Lucía desaparezcan la montaña, el depósito de desechos tóxicos y los amparos para trabajar. Los siguen los de Dos Bocas, encabezados por —dejen que vuele mi fantasía— la Agrupación de Desbrozadores de Manglares. También llevan pancartas: “Volaremos contigo en clase turista, oh, Padre de Pueblos”. Sin interrupción, se ve llegar una masa con gorras y jerseys: son los beisbolistas que agradecen su iniciativa deportiva al Cuarto Bat de Tepetitán. Y hay más: dueños de trapiches que caminan con mulas ataviadas con los colores nacionales, una —permítanme seguir con las licencias poéticas—Cooperativa de Agricultores de Piña Miel “Beatriz Gutiérrez Müller”, una Asociación de Productores de Barbacoa “Martí Batres” (“La barbacoa también se come en tóper”, dice la pancarta), una Asociación de Cecineros “Félix Salgado Macedonio”, los familiares del Chapo Guzmán (“También somos pueblo. Gracias, Señor Presidente”). Anima la comitiva la CNTE, con exhibiciones de guerrilla urbana y simulaciones de bloqueo cada 600 metros.

Cierra el contingente un destacamento de ocho muchachotes de Jóvenes Construyendo el Futuro. La idea era que marcharan mil, pero fue imposible encontrarlos: no aparecieron las empresas que reciben el dinero para ponerlos a trabajar como aprendices.

Y es que el desfile, en realidad, debe, sí, cambiar su naturaleza para volverse una puesta en escena que sintetice, escenifique, despliegue los innumerables logros de nuestro Prócer. Ese desfile, si me permiten una última licencia, viene a ser México. El México Nuevo: la República de la 4T. Debe cerrarlo, por supuesto, una estatua ecuestre, enorme, del Padre de la Cuarta Transformación, con el que la historia triunfal de la patria llega a su destino. Debe incluir la leyenda: “No al culto a la personalidad”.

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/CR

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