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Con fervor visitan a la Virgen de las causas imposibles

Con fervor visitan a la Virgen de las causas imposibles

Ciudades miércoles 11 de diciembre de 2019 - 02:45

Por Jacqueline Ramos

Miles de personas entran y salen, solas, en pequeños o grandes grupos de la Basílica, donde se calcula serán un número de 10 millones de personas en este 488 aniversario del Milagro Guadalupano, y cada quien lleva en su corazón una historia de amor, de salvación, un milagro, o una petición.

Desde hace 25 años, la señora Isabel García es una de las principales organizadoras de la peregrinación a la Basílica a la que llega desde el poblado de Perote Veracruz.

“Le pedí, le rogué que sanara a uno de mis hijos que estaba entre la vida y la muerte, y se curó. Aquí estoy, diciendo gracias”, dice a ContraRéplica a su arribo al atrio, después de 10 horas de camino.

“Llegamos, escuchamos misa, nos vamos por la noche”, señala a los aproximadamente 80 miembros de su comunidad que la acompañan, nos llevamos el fuego simbólico y lo repartimos entre toda la comunidad, para que la Virgen nos mantenga con salud y nos cuide.

Giselle Lavanderos Rodríguez entra de la mano de su esposo. “Tengo 45 años. Quería casarme, pero el tiempo pasaba y llegué a pensar que no sucedería. “Cuando iba en el coche, estaba en mi casa, iba hablando con ella. A veces le decía que no me escuchaba, que no tenía esperanza”.

Conocí a Othón hace menos de un año, y de haber tenido noviazgos muy largos, de 8 o 9 años, él fue el bueno. Fue amor a primera vista. Es viudo y ahora tengo un hogar e incluso sus hijos los considero míos”, narró Landeros Rodríguez.

Lleva orgullosa el estandarte con la imagen de la Guadalupana bordada. Es de San Gabriel Las Palmas, Puebla y llegó en 30 camiones junto con su gente. Se trata de Xóchitl Salvador Mora. “El año pasado, dice entre sonrojos, traje malo a mi hijo. Venía muy malo. En 15 días se me curó sin necesidad de llevarlo al hospital. Se le quitó al traerlo para acá”, aseguró.

En la Calzada de Guadalupe desfilan las manifestaciones. Enrique Periañez Palestina porta el estandarte. “Esta es una forma de devoción para su hijo Jesucristo y su padre Dios, creador de todo lo existente. He recibido sus favores, muchos, pero son personales, venimos a agradecerle”, dijo.

José Luis Escalante, de la zona sur de la Ciudad, viste como San Juan Diego, con un ayate de la Guadalupana en el pecho. “El sismo pasado, mi familia y yo lo perdimos todo. Tenía un negocio boyante y nuestra casa ocupaba la parte superior. Cuando se daba el hecho yo decía recio y quedito ‘ayúdame Virgencita, ayúdame. Nadie murió gracias a Dios, pero nos quedamos sin nada”, contó.

“Tuvimos que tirar la construcción. Le pedí que me diera fuerzas de donde ya no había y parecía que los caminos se habían cerrado. Hoy, hemos comenzado a levantarnos, poco a poco, pero ahí vamos”, relata con lágrimas.


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JG/CR

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