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Conspiración bolivariana

Conspiración bolivariana

Columnas martes 13 de agosto de 2019 - 03:21


Hace unos días circuló una foto de nuestro amado líder con Elena Poniatowska en Palacio Nacional.

Palabras más palabras menos, Elenita dijo que el presidente era un espléndido guía de turistas. No me puedo sumar a su afirmación, pero de que hay mucha materia prima para pasarse varias horas visitándolo; la hay.

La construcción tiene cuando menos 300 años de historia en su segunda vuelta, si consideramos que buena parte del palacio que conocemos fue reconstruido luego de que una turba enardecida le prendiera fuego en 1692 y su reconstrucción se llevó varios años, siendo reinaugurado a principios del siglo XVIII.

Por lo mismo, aquí entre nos, yo hubiera preferido que nuestro amado líder se quedara en Los Pinos y nos abriera por completo el Palacio Nacional porque tiene mil detalles y mil historias que contar.

Pero los enemigos de la 4T, ni tardos ni perezosos, como siempre le andan buscando “chichis a las culebras” —es una gran expresión— de inmediato encendieron las alarmas y denunciaron en redes sociales —es lo de hoy—, la prueba fehaciente del temible triángulo Venezuela-Cuba-México: dos cuadros que aparecen en la imagen detrás del presidente y de la escritora, develan toda la conjura: uno es de Simón Bolívar y el otro de José Martí.

“Seguro los mandó traer el presidente ahora que ocupó Palacio”; “Sí, apuesto que el de Bolívar fue un regalo de Maduro cuando vino a la toma de posesión”; “La Cuba de Fidel se hizo presente con José Martí”; “¿A López no le bastan nuestros héroes como para que todavía quiera imponernos a otros?” O joyas como esta: “Con esto vemos que López Obrador intenta sembrar en México una ideología del Régimen Bolivariano desde nuestro bello Palacio Nacional. ¡Abusados, nos quiere adoctrinar!” Y así cualquier cantidad de especulaciones absurdas.

Noticia de último minuto. El cuadro de Simón Bolívar se encuentra en Palacio Nacional, en el Salón Azul, desde 1825 o 1826; es un óleo pintado por el limeño Pablo Rojas, aunque por mucho tiempo se dijo que era de autor anónimo. ¿Porqué llegó a Palacio? No por una conspiración bolivariana sino porque fue tal la admiración que tuvieron los miembros del Congreso mexicano de 1824 por el libertador, que le otorgaron la nacionalidad mexicana y en agradecimiento México recibió este óleo que es una réplica, el original se encuentra en el Museo Nacional Bolivariano de Lima.

El óleo de José Martí tiene otra historia.

Fue un regalo que llegó a Palacio Nacional a mediados del siglo XX y es una pintura del artista cubano Esteban Valderrama. Unos meses antes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno mexicano convocó a una reunión de todos los países de América para tratar el futuro de las relaciones interamericanas en el contexto del nuevo orden mundial que se estaba conformando y que estaría determinado por Estados Unidos y la Unión Soviética. La reunión se conoció como la conferencia de Chapultepec a la que solo faltaron Argentina y Canadá, de ahí surgieron, unos años después, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (1947) y la Organización de Estados Americanos (1948).

En ese contexto, como un gesto al Gobierno mexicano, el Ministerio del estado cubano, le pidió a Esteban Valderrama que realizara un retrato de José Martí, de tamaño natural, en la embajada de Cuba en México, que le fue regalado al gobierno y el cual fue colocado en Palacio Nacional exhibido permanentemente.

Durante las fiestas del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución en 2010, el gobierno del innombrable reloaded (sí, del presidente Calderón) abrió los salones presidenciales para que la gente pudiera visitarlos. Durante meses fue posible acudir a Palacio y conocer el ala norte que rara vez se abre al público.

Ahí estaban expuestos Simón Bolívar y José Martí pero seguramente nadie se percató de su presencia porque estábamos imbuidos del más puro patriotismo y en todo caso resultaba más interesante prestar atención a la galería de los presidentes, al despacho presidencial, a la biblioteca o al salón de embajadores donde en 1872 velaron a Benito Juárez.

Ojalá nuestro amado líder abriera de nuevo los salones presidenciales, más allá de grillas y conspiraciones bolivarianas inexistentes, es un sitio que guarda buena parte de la memoria de nuestro país.

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/CR

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