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Contables, frailes y usureros; comediantes o bufones

Contables, frailes y usureros; comediantes o bufones

Columnas martes 28 de mayo de 2019 - 02:10


Le cuento más sobre el libro EL PRINCIPITO, O SEA OFICIO DE POLÍTICOS. Los capítulos VII y IX tocan, respectivamente, la virtud y la fortuna como medios de adquisición del poder, ya sea con recursos propios o con los ajenos.

Aconseja en el VII no confiarse totalmente de la virtud, que no puede reducirse a regla general y que en política los recursos son de tres clases: dinero, reputación y relaciones, que, a la vez, pueden poseerse antes de convertirse en político o adquirirse en la práctica. Informa que es más fácil subir y mantenerse en posiciones de gobierno teniendo recursos propios, pero que quienes no los tienen de inicio, acaso sean más prudentes o incluso avaros en su administración, por causa del esfuerzo para conseguirlos.

Al cierre del apartado borda sobre otros dos recursos que sólo el tiempo otorga: experiencia e información y para la primera, cita a Luis Marcelino Farías hablando de la reelección legislativa como necesaria y para la segunda invoca a Fouché y J. Edgar Hoover que vieron pasar regímenes de orientaciones contrarias y sobrevivirlos. De la fortuna advierte: “un político no puede esperarlo todo de ella ni desesperar por no tenerla consigo”.

El texto entero merece atención serena y seria; minuciosa y completa. Si bien es una actualización del texto original del ‘95, es también más útil porque trae ahora ejemplos más modernos de políticos y acontecimientos actuales que por su cercanía con el momento que corre, lo que genera mejor recordación, facilitan la comprensión de muchos aforismos y recomendaciones.

El libro me parece uno de esos textos necesarios que hay que tener a la mano para consultarlos con frecuencia. Retrata sin contemplaciones la dimensión completa de la condición humana frente al poder y al poderoso (y del poder frente a sí mismo y a los gobernados). Lo califico como análisis crudo, pero también como una bien merecida reivindicación de la naturaleza y consecuencia verdadera de la buena política, que tanta falta hace.

Creo, en efecto, que la República merece mejor destino. Y no se trata de este o aquel partido en el poder, sino de certificar o no la convicción de servicio pero también la acción oportuna y eficaz frente a coyunturas inéditas.

Cierro con una frase del autor que explica esto mejor que yo: “Dícese mucho en este tiempo… que el desgobierno y la miseria y la violencia, y el desarreglo todo de la cosa pública es por culpa de los políticos. Digo yo que no. Que no es por los políticos, sino por la falta de ellos. Porque hay muchos que se emplean en el oficio sin dotes, unos queriendo ser alguaciles… contables, frailes o usureros, otros más de vocación de comediantes… o bufones… Y eso se nota…”.



•gsergioj@gmail.com
@ElConsultor2

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/CR

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