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Córdova y Otálora, aquel domingo

Córdova y Otálora, aquel domingo

Columnas lunes 01 de julio de 2019 - 04:15


Hace un año. Muy temprano iniciaron las actividades en el INE. Se tenía contemplada la realización de una ceremonia de arranque de la jornada por la que se elegiría al Presidente de la República y a otros 3 mil 400 cargos a lo largo y ancho del país.

En el patio central del Instituto Electoral, consejeros y magistrados electorales mostraban la coordinación dentro de un sistema dual, que encarga a los primeros la administración de las elecciones y a los segundos su calificación y legalidad.

El INE y el TEPJF, piezas centrales del sistema de partidos y con una misión relevante por aquellos días: Dotar de certidumbre a los ciudadanos para que supieran que su voto se respetaría.

Mucho le debe la gobernabilidad democrática a Lorenzo Córdova y a Janine Otálora, consejero presidente y magistrada presidenta, en ese momento, de la Sala Superior del Tribunal Electoral.

Ambos trabajaron para que las discrepancias y desencuentros, que la propia ley genera, no opacaran el compromiso institucional con las libertades y el estado de derecho.

La recta final del proceso electoral es intensa y hace 365 días no fue la excepción. Una de las tareas más relevantes es la de mantener la calidad de los comicios, evitando que conductas de los partidos o de otros grupos de interés puedan vulnerar las decisiones ciudadanas. El INE por medio de acuerdos y el Tribunal a partir de sentencias van modulando y dando sentido a una competencia que, no debe olvidarse, es por el poder político.

Pero también se tienen que mandar mensajes claros y que doten de confianza, que propicien un ambiente para elegir sin presiones y sabiendo que los procedimientos técnicos están funcionando.

El viernes previo a la votación del domingo 1 de julio, Otálora y Córdova leyeron un pronunciamiento sobre la que sería la elección más grande de la historia en nuestro país. Nunca se había hecho algo así. La presidenta y el consejero sabían que se movían en terrenos difíciles, escabrosos.

El domingo imperaba el nerviosismo que produce el trabajo que está por llegar a una meta, a un momento fundamental. Todas las encuestas daban a un candidato puntero, pero en las democracias siempre existe un grado de incertidumbre y de sorpresa.

Temprano supimos que Andrés Manuel López Obrador había ganado por un amplio margen. José Antonio Meade, el abanderado del PRI, reconoció primero que nadie su derrota. Le seguiría Ricardo Anaya, contendiente por el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

Era impresionante en mandato ciudadano por un cambio. Pasaron los meses y ya cada quién se va dando cuenta de lo que significaron aquellas horas para el futuro del país. Conviene tener presente, sin embargo, que instituciones fuertes, hicieron ello posible y más ahora que existe el afán de debilitarlas.


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/CR

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