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Descolonizar el arte

Descolonizar el arte

Columnas martes 30 de julio de 2019 - 08:01


Al conquistar nuestro continente los españoles introdujeron la cultura europea, considerada por ellos la verdadera expresión de la civilización y el progreso.

Llegaron nuevas creencias religiosas y costumbres que intentaron aniquilar la visión de los antiguos pueblos. Los frailes presionaron a los grupos sometidos para adoptarla, creían que solo así podían poner fin a su vida salvaje y primitiva.

Desde entonces, la cultura de la minoría blanca se posicionó como la vencedora, en contraste con la cultura del pueblo a quien no solo se le veía como atrasada y pagana, también peligrosa. El arte se reservó para las clases privilegiadas y básicamente se desarrolló a partir del canon europeo.

Las expresiones artísticas de los indígenas y mestizos tuvieron que sobrevivir en la clandestinidad, acosadas por el desprestigio. En ocasiones lograron cruzar hacia el mundo blanco y dejaron huellas en él.

Por ejemplo, en la arquitectura barroca las manos indígenas imprimieron su propia destreza y libertad plástica, dando resultados inesperados que se reflejan en formas y tallas llenas de movimiento.

En ocasiones insertaron detalles y símbolos ocultos en esas construcciones religiosas ajenas. En la base de las columnas grababan el rostro de sus divinidades, luego quedaban enterradas para siempre.

Cuando iban a rendir culto a esos lugares no se dirigían a los santos europeos, evocaban a sus propias deidades, a las que nunca renunciaron, al contrario, las protegieron estratégicamente.

Cuando se hizo el primer descubrimiento de la Coatlicue, en 1790, causó tal impacto su antropomorfismo (mezcla de rasgos humanos y animales) que trataron de ocultarla del público.

No obstante, para sorpresa de la iglesia las personas, que llevaban más de dos siglos ya bajo su tutela, acudían sigilosamente para venerarla, le ofrecían ofrendas y veladoras.

De inmediato se alertó el posible despertar de las creencias paganas. Un inminente desafío al dogma oficial, pues en el corazón del pueblo conquistado no se habían desvanecido los sentimientos por sus antiguos dioses. La Coatlicue fue enterrada nuevamente y prohibida toda clase de veneración.
Descolonizar el arte no significa negar o condenar la influencia y el legado europeo, significa algo más fuerte y difícil: es romper con la creencia de que se trata de una cultura supuestamente superior por ser equivalente a las expresiones de una sociedad blanca.

Desafortunadamente el racismo es una de las principales formas de división y prejuicio en la sociedad. Hemos aprendido cotidianamente a interiorizar una desvaloración de lo propio. Es un autorechazo que sirve para normalizar las desventajas y los maltratos.

Los artistas con un compromiso descolonizador tratan de recordarnos el papel del colonialismo para explicar porqué somos una sociedad profundamente acomplejada con la pigmentación de la piel y el origen social.

Aunque no es algo sencillo porque últimamente los artistas se han aprovechado de la misión de ayudar a los oprimidos para sacar beneficiosos privilegios sin que sustancialmente cambie el panorama que hace sentir el arte como un juego de poder de una élite blanca.

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/CR

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