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Devaluación Competitiva

Devaluación Competitiva

Columnas miércoles 21 de agosto de 2019 - 01:42

A inicios de agosto de este año, el Banco Popular de China estableció la tasa de cambio del yuan más baja en una década, por debajo de 7 dólares por yuan. Estas devaluaciones no son novedad para China. En 2015, la misma institución financiera mantuvo tres devaluaciones consecutivas del yuan reduciendo más de 3% su valor. La devaluación de hace cuatro años se debió principalmente a que la moneda china se había ya apreciado 33% frente al dólar lo que estaría provocando que la industria china pierda competitividad.

Aunque el mundo entero criticó las devaluaciones afirmando que era una estrategia para impulsar las exportaciones de productos chinos y así afrontar el bajo crecimiento de la economía del país asiático, el Banco Popular de China afirmó que tales medidas eran parte de las reformas para avanzar hacia una economía más orientada al mercado. Esto provocó un fuerte impacto en todo el mundo, sobre todo en los mercados europeos y latinoamericanos. Como era de esperarse, Estados Unidos acusó al país asiático de manipular el tipo de cambio del yuan argumentado que durante años China había mantenido su moneda artificialmente baja a expensas de los exportadores estadunidenses. Incluso se llegó a pensar que las devaluaciones eran sólo el comienzo de una guerra de divisas que podría conducir a un aumento en las tensiones comerciales.

Esta nueva devaluación del yuan se da en el contexto de una guerra comercial feroz entre China y Estados Unidos.

Los nuevos aranceles del 10 por ciento sobre más de 300 mil millones de dólares en importaciones chinas impuestos por Trump, que entrarán en vigencia el primer día de septiembre de 2019, dan a pensar que la devaluación del yuan no es coincidencia y que viene a ser una medida para contrarrestar los efectos de esta guerra comercial.

Contrario a lo que generalmente se puede pensar, las devaluaciones de las moneas generan un impacto positivo en las economías. China, por ejemplo, depende significativamente de sus exportaciones. Al devaluar su moneda, los productos chinos estarían bajando su precio de exportación y así obtendrían una ventaja comparativa en los mercados internacionales. Por otro lado, una moneda un poco más débil, haría que las importaciones a China fueran más costosas, lo que estimularía la producción de productos sustitutos en el país para fomentar la industria nacional.

Aunque el Fondo Monetario Internacional prohíbe a los países manipular su moneda con el fin de obtener una ventaja comercial, el organismo internacional poco puede hacer para obligar a un país a cambiar sus políticas cambiarias. Por su parte, la Organización Mundial del Comercio tiene reglas contra subsidios, pero estos son muy estrictos y específicos y sería difícil que se imponga a un país modificar su política de tipo cambiario. Así que poco se podrá hacer frente a estas medidas de China.

•Postgraduada en la Universidad de Barcelona, y de
Harvard. Especialista en finanzas internacionales.

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/CR

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