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Devin LeBarón y el miedo

Devin LeBarón y el miedo

Columnas viernes 08 de noviembre de 2019 - 00:56

A la familia LeBarón y a Devin, que corrió por amor y por miedo

Devin LeBarón corrió durante seis horas para avisar de la masacre que había padecido su familia. Sólo escribirlo estremece el alma y hace brotar lágrimas de rabia, de dolor, de miedo.
Nada comparado con el miedo que el valiente Devin debió sentir en su alma y en su cuerpo. Un niño de 13 años que tiene que vivir lo animal, lo salvaje del ser humano frente a su familia. Está claro, como me confirmó el abogado César Cerisola: nuestros hijos ya no van a conocer el mejor México.
Una nueva generación a la que le tocará hacer frente a lo que parece ser una deconstrucción del sistema con consecuencias que impactan más allá de lo económico o político y que están teniendo secuelas irreversibles en uno de los andamios más importante de un país: el tejido social.
Si se confirma la versión de que no fue una confusión y que los asesinatos de niños y mujeres fue premeditada y directa, el debate tendría que traspasar el ámbito geopolítico y situarse en lo social, en la posibilidad de que el modus operandi se replique en otras familias sin importar su afiliación religiosa.
Una sociedad que permite que sus niños sufran de esta manera se encuentra rota, desvencijada, animalizada, monstruosa.
Solo imaginar el miedo de Devin, que pudo ser el miedo de cualquiera de nuestros hijos te hace perder la esperanza, ahora si lo último que se pierde.
El dolor de la familia LeBarón es irreparable. Quizá solo su fe profunda podrá darles un poco de consuelo, jamás algo de sentido. Ni siquiera resignación.
Un caso más de familias fragmentadas que no podrán aspirar al mínimo consuelo: la justicia.
La familia LeBarón ha logrado la atención pública gracias a su nacionalidad y su adscripción religiosa. Menos mal. Cuántos LeBarón anónimos sobreviven o malviven en un país que ha traicionado la paz. El sistema de seguridad nacional, con el Presidente a la cabeza, debe tomar las riendas del país de una vez por todas. Si vos pacen para vellum, decían los civilizadores romanos; si quieres la paz prepara la guerra.
Esta matanza agrede profundamente al país y supongo que trastorna el corazón cristiano de Andrés Manuel López Obrador. Sería muy oportuno no olvidar nunca que Jesús, de acuerdo con el testimonio histórico del evangelio, sacó a latigazos a los vendedores del templo por pervertir su trascendencia.
¿Qué no habría hecho el pacífico Jesús contra los salvajes que destrozaron a los LeBarón?, e hicieron correr al héroe Devin durante seis horas, aterrado por el miedo y motivado por el amor a sus hermanos.

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/CR

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