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Domingo en familia

Domingo en familia

Columnas lunes 12 de agosto de 2019 - 01:58


Un comentócrata fifí se permitió recomendarle a nuestro Benefactor (búsquenlo en Twitter) que descanse los fines de semana.

Sus razones son las peores. Dice que no trabajar el sábado y el domingo le permitiría desmarcarse de la “obsesión monomaniaca” que en su opinión lo distingue, y que, se atreve a sugerir, va en detrimento de su buen desempeño como Líder Providencial, como Jefe de los Destinos del Pueblo Bueno. Eso es un disparate, claro. Vean la economía, vean la inseguridad, perladas de otros datos y ultimadamente pónganse Vitacilina, ardidos.

Dicho esto, el comentócrata puede tener cierta razón.

Me permito recomendarle, oh, Huey Tlatoani, que si no todo el fin de semana, al menos descanse los sábados o los domingos, en familia, dándole tregua a esa preocupación suya por los desheredados, por los mexicanos del color de la tierra (aunque no por los zapatistas, que se están pasando de lanzas). La recomendación atiende a dos buenas razones. La primera es que tenemos que cuidar su salud: imagínese que el proyecto de tenerlo cuatro sexenios en Palacio Nacional se viera truncado por un asunto médico.

Dios nos libre. La segunda razón es orden pedagógico. Usted es un ejemplo vivo de virtud y creatividad, Señor Presidente, y me parece que eso, su ejemplo, debe cundir en todos los rincones de esta patria dolorosa que se levanta de su postración.

Enséñenos a ocupar el tiempo libre, Padre. Ilumínenos.

A continuación, propongo una hoja de ruta que desde luego puede usted modificar conforme a su criterio inmejorable:

9:45 AM (hay que recuperarse de tantos madrugones por las mañaneras): oración en familia.

10:45: barbacoa en, digamos, La Hidalguense. Sugiero quitarle el exceso de grasa, natural en ese platillo sublime, con una servilleta de papel, aunque me aseguran que el manguerazo de limón es suficiente. Insisto: tenemos que ver por salud.

11:25: traslado en coche a las canchas de beis de CU. El trayecto puede aprovecharse para compartir con su pequeño, digamos, canciones religiosas entonadas a coro.

12:15: beis. Clínica de fildeo y macaneo. El ejercicio es muy importante, oh, Babe Ruth del Trópico Ardiente, por mucho que usted, ostensiblemente, tenga la condición de un atleta keniano.

13:15: traslado a alguno de los restaurantes de carnitas de Insurgentes Sur. Me permito sugerir que se limite a la maciza, por las razones antes expuestas.

15:45: traslado al campo de beis. Es altamente probable que haya un buen partido en el nuevo parque de pelota, que deberíamos vaciar de público para evitar abucheos como los de hace unos meses.

Me permito recomendarle los tacos de cochinita, que seguro ya conoce.

20:35 (la hora es aproximada: el beis no es un deporte con límite de tiempo, como sabemos): vuelta a Palacio Nacional para una segunda sesión de oraciones.

21:00: beis. Es buen momento para ver algún juego de Grandes Ligas y rematar los sobrantes de barbacoa y carnitas.

21:00-21:10: lectura. Puede ser de la Cartilla Moral, o de un ejemplar de la Biblia olvidado por Peña Nieto en Los Pinos. Aunque tampoco descartemos un manual de beisbol o una historia de las grandes Ligas, por ejemplo.

Beis, tacos y religiosidad: he ahí el retrato del mejor presidente de la historia de México. Qué lejos quedan los tiempos de ignorancia y superficialidad.

Ni Obama.

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/CR

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