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Dostoievski en el Bellagio

Dostoievski en el Bellagio

Entornos jueves 28 de marzo de 2019 - 04:49


Eramos en el aeropuerto John Wayne en Orange County, California. El previo a la aduana es una mierda como siempre. Al final de una larva extensa esperamos el indulto del agente migratorio en turno.

Luego de media hora estamos del otro lado, andamos por los pasillos y nos detenemos a comer hamburguesas en Rubys. Esperamos sentados en sillones grises y confortables la salida del vuelo que nos llevará al destino final. Yo engullo una hamburguesa doble con tocino, papas y la acompaño con una Dr. Pepper. Ante la mirada atónita de los meseros y vecinos en turno. Cecilia come una hamburguesa sencilla y una malteada, con calma y sin presiones. Cuando terminamos escribimos en nuestros bloc de notas algunas ideas para nuestras respectivas novelas o cuentos. Luego subimos fotos de los alimentos a nuestras cuentas de Instagram y Yummmie acompañadas de citas o guiños literarios.

Después envíamos mensajes de texto a nuestros amigos y leemos en nuestras respectivas tabletas digitales. Miro de reojo y Cecilia lee algo sobre bulldogs ingleses. Si ganamos lo suficiente en Las Vegas compraremos uno al regresar: así lo hemos prometido. Yo regreso a la lectura de X´ed out.

Una novela gráfica del gran Charles Burns.

Llegamos a Las Vegas a través de la aerolínea Southwest. En el aeropuerto miramos a los jugadores en espera gastar sus últimos créditos en tragamonedas. Tardamos algunos minutos en tomar nuestras maletas y salir del lugar. Luego nos retrasamos en encontrar el servicio de taxis colectivo. El paquete que compramos incluye el servicio y no queremos pagar de más. Cuando por fin damos con la cabina abordamos un pequeño camión junto con otras personas que se dirigen a sus diversos hoteles. Hombres y mujeres adultos que esperan pasar algunos días en el desierto de Nevada antes que llegue Navidad. Afuera, la noche se apoderó del desierto, y en el cielo negro de Mojava puede verse el reflejo de las luces brillantes.

Nuestro hotel está al final del Strip, la avenida principal, nos informa el chofer y remata con ojos abiertos. Nos dice que tendremos que esperar a que todos los pasajeros sean trasladados a sus respectivos destinos, así que hold on.

El autobús entra y sale del Strip. Miro las luces de neón de las marquesinas así como las enormes efigies y construcciones que evocan culturas distantes o países lejanos.

Luxor, París, New York, Venecia. Y en vez de anhelar otras localidades me abandono al goce y al placer de Las Vegas, sin más. De camino a nuestro hotel Cecilia y yo hablamos sobre nuestro afecto mutuo por Frank Sinatra. Hablamos de su relación con los Kennedy y del tiempo de la prohibición en Norteamérica. Discutimos sobre los padres de este lugar de luces a la mitad de la nada.

Traigo a la charla a Benny Binion, el gángster texano, fundador del legendario casino Horseshoe y artífice de la Series Mundiales de Póker hoy globalizadas. Y aunque no es mi primera vez en este lugar siempre hay algo que se renueva y emerge como un descubrimiento. Luces, drogas, salones de juego, bares, restaurantes, borrachos, peleas y llantos en la calle, polvaredas y pequeños torbellinos de tierra. Conforme el autobús queda vacío nuestra conversación se torna metafísica. Hablamos sobre la traición y sobre el mal. Hablamos sobre la vida, las drogas y la sociedad. Benny Binion siempre es la respuesta, digo como cualquier evangelista: Trust everyone, but always cut the cards.

La pareja a nuestro lado escucha nuestra conversación y comenta algo al respecto del Rat pack y Dean Martin. Se han quedado atrás en los temas que hemos revisado a bordo de un autobús a la mitad de Nevada. Cecilia con una sonrisa cede a la provocación y se enfrasca en un debate cortés. Yo miro las luces que se suceden una tras otra por fuera mientras recuerdo el ensayo Por qué importa Sinatra, del periodista y escritor brooklynita Pete Hamill. Recuerdo a Jorge F. Hernández recomendando su lectura en un programa de TV.

En el ensayo, Hamill da testimonio de su amistad con el cantante, hijo de inmigrantes italianos. El ensayo, recuerdo, fue escrito en la sala de un aeropuerto luego que Hamill se enterara de la muerte de Sinatra el día 14 de mayo de 1998.

Mientras Cecilia habla con los gringos yo paso lista a las imágenes de mis Sinatra mentales. Uno de mis favoritos es sin duda el gamberro adorable, pienso. En segundo lugar tal vez, el artista y socio de la mafia, a mitad de la prohibición de alcohol en Norteamérica.

El vehículo avanza por el Strip. Entregamos parejas por aquí y por allá. El clima por las noches es templado y conforme el reloj avance la temperatura descenderá. Pienso en cómo será nuestra habitación aunque en realidad, cuando uno llega aquí, ese es el lugar menos visitado.

Cecilia habla ahora sobre Sammy Davis Jr. y habla también sobre la relevancia sociopolítica y publicitaria, de Nat King Cole en la ciudad. Me asombra su capacidad al conectar este par de músicos ideas. No lo vi venir. También me asombra su capacidad de empatizar. Tal vez porque la mía se ha podrido con el paso del tiempo y tengo una especie de disfunción social. No importa. Ella comenta sobre nuestro reciente descubrimiento en Netflix, Sinatra: All or nothing at all. Recomienda el documental y habla sobre imágenes en blanco y negro. Yo me imagino bebiendo un Jack Daniels en las rocas con un par de gotas de agua, a la mitad del Sands en 1960. What would Frank do?

Llegamos al hotel y pasamos el rito de la recepción sin anomalías. Y ya instalados en el piso doce del Stratosphere decidimos ir hacia la zona transitada del Strip. Cuando estamos en la avenida miramos en la fachada de la torre blanca, el salto con arnés de un joven que grita sin parar durante la caída. Prefiero gastar esos 100 dólares en una mesa de juego o incluso en un volado, pienso.

• Pedro Zavala (Ciudad de México, 1981). Profesor de filosofía, escritor y traductor independiente.
Ganador del Premio Mauricio Achar Literatura Random House 2018, por All in, Sinatra.
Twitter: @petezavala
Instagram: @petez
Web: www.petez.org

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IM/CR

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