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EL INE vs. AMLO 

EL INE vs. AMLO 

Columnas lunes 25 de noviembre de 2019 - 02:02

El presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, se aferra a su sueldo de privilegio con todo. Es increíble que afirme que la reducción de los sueldos de los consejeros del INE “ponen en peligro la democracia”. Qué cinismo. La confrontación entre Córdova y el presidente Andrés Manuel López Obrador es una cuestión de caja, de pesos y centavos.
El INE —particularmente en sus mandos superiores— tienen ingresos superiores no solo a los percibidos por los titulares de la Administración Pública Federal centralizada y descentralizada, sino superiores incluso a los que perciben sus equivalentes que formalmente —en las democracias occidentales— pueden ganar lo mismo, pero el costo de la vida fluctúa entre el 70 y el 130 por ciento más, como en Australia o el Reino Unido para citar dos ejemplos concretos.
Está de sobra decir que ningún consejero electoral o su equivalente gana más que los del INE en América Latina. El INE forma parte de los resabios de la denominada burocracia dorada que ofende a casi toda la sociedad mexicana y el cual no encuentra sustento en las mejores expresiones comparadas para justificar ingresos sustancialmente superiores a los que percibe el presidente de la República.
Es un sofisma discursivo afirmar que a mayor sueldo de los consejeros del INE mayores garantías hay para la reproducción de las pautas democráticas en México.
La ley anual del Presupuesto de Egresos de la Federación se hizo observando los términos que establece la Constitución que atribuye a la Cámara de Diputados esa responsabilidad.
Autonomía no significa soberanía. La primera reside en la autogestión y la segunda implica autodeterminación para generar ingresos, su propia moneda e incluso sus propias fuerzas armadas. No es, por supuesto, el caso del INE.
El problema del presidente de la República es criticado por Córdova por aplicar la Constitución por cuanto hacer a salarios máximos, reforma en la Carta Magna aprobada antes de su mandato.
Buena parte de la clase política pensó que esa disposición era una simulación, una reforma para que se acatara, pero no se cumpliera, como en otros rubros de la vida pública. Este exceso va a contrapelo de los ingresos de la honrosa medianía a que hacía referencia Benito Juárez. Pone de relieve la gran distancia que separa a los que más ganan de quienes perciben los sueldos más bajos en el sector público.
Esa asimetría divide gravemente al pueblo mexicano. Los cargos públicos son para servir no para servirse, como sucede en el INE. Debe repensarse en las nuevas circunstancias la expedición de la Cédula de Identidad Ciudadana prevista en la Ley General de Población que no ha podido ser materializada.
En efecto, el artículo 98 de la ley citada dispone que: “Los ciudadanos mexicanos tienen la obligación de inscribirse en el Registro Nacional de Ciudadanos y obtener su Cédula de Identidad Ciudadana”.
Hoy en día la credencial para votar, al margen de la Constitución, hace las veces de documento pleno de identidad como una suerte de medida tolerada, pero sin fundamento constitucional.
En realidad, hoy la única identificación oficial existente es el pasaporte, pero su costo impide que sea un instrumento de identidad de uso masivo, de ahí que debe expedirse la cédula prevista en la ley —con los candados que sean necesarios para garantizar su debido funcionamiento— y dejar la credencial para votar para el propósito que fue creada, es decir, para ejercer el voto y ser votado.


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