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El PRI: La hora de los búfalos

El PRI: La hora de los búfalos

Columnas viernes 09 de agosto de 2019 - 02:31


Los debates deben ser duros, contrastar historias y poner en aprietos a lo adversarios. Eso es lo que hicieron Alejandro Moreno, Ivonne Ortega y Lorena Piñón, quienes se medirán, en las urnas este domingo, para definir a la próxima dirigencia del PRI.

Eso no debe asustar, porque forma parte de una contienda que ha sido ríspida y a la que todavía le falta sortear la prueba de la consulta a la militancia, con un padrón impugnado y con actores que se conocen todos los trucos y todas las mañas.

Desconfían del pasado y por ello proyectan el desastre en el futuro. Se descalifican por supuestos malos manejos de los presupuestos, y olvidan que uno de sus talones de Aquiles ha sido mostrar sus propias debilidades. Privilegian el golpe seco y desaprovechan el examen de los principios.

Lo inquietante, para los priistas, es que después del domingo continúe la división interna e inclusive que venga la ruptura.

Las distancias entre los exgobernantes de Campeche y de Yucatán parecen tan profunda como el daño que sufrieron en el proceso electoral del año pasado.

Esto lo tiene muy claro Alejandro Moreno, acaso porque es el favorito y tendrá que cargar con la responsabilidad de darle viabilidad a un partido que está sumergido en la crisis y que cuenta con pocos incentivos para sobrevivir.

Quizá por ello, el gobernador campechano con licencia, se empeñó en mostrar lo que los hace distintos a “un gobierno de ocurrencias, sin experiencia y sin brújula”. Poner fronteras ante la Presidencia de la República era indispensable, aunque añadiendo que su construcción será la de una oposición crítica, asertiva y socialmente útil.

Como contendiente puntero, Moreno les habla a otros actores políticos y dibuja lo que podría ser su presidencia.

Ortega, en cambio, busca la sorpresa y por ello apela a la libertad de la militancia y a su posibilidad de definir el rumbo. Piñón jugó a golpear a la yucateca en un cálculo extraño que no debe de ser muy redituable para quien va a la cola de las preferencias.

Los priistas dejaron de ser atractivos, porque la seducción mayor de la política es la posibilidad de acceder al poder. El PRI jugó con fuego y se quemó, aceptando liderazgos ajenos y pagando la soberbia cultivada en los pasillos y salones del gobierno.

Moreno y Ortega saben de ello y por eso apelan a la militancia, la que hace el trabajo territorial y rara vez recibe reconocimientos. Son los militantes que tocan las puertas y sufren reclamos que son tan lejanos a ellos como su situación económica y la de quienes sumergieron al PRI en una de sus horas más oscuras y difíciles.

•Twitter: @jandradej

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/CR

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