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El Tortas al estar rodeado tiró su arma y se quedó callado

El Tortas al estar rodeado tiró su arma y se quedó callado

Ciudades miércoles 29 de mayo de 2019 - 04:02


POR CARLOS JIMÉNEZ

Aquel lanzagranadas se quedó tirado. El hombre sin playera lo dejó, y decidió tomar la pistola y correr con su familia a refugiarse al cuarto en el que tenía sus altares yorubas. Su esposa abrazó a sus hijas, y él cerró la puerta con el arma en la mano… pero cuando los agentes federales la abrieron, ya no hizo más: tiró el arma, se sentó en la orilla de una cama, agachó la cabeza y guardó silencio.

—Tú eres El Tortas— le dijo uno de los elementos de la Agencia de Investigación Criminal.

—Sí, señor, soy yo —respondió sin más.

Así fue detenido Sergio “N”, El Tortas, creador y jefe de la llamada Fuerza Anti-Unión. A las 2:45 de la mañana del miércoles terminó su fuga, en la parte alta de la casa número 2 del fraccionamiento Tlalpuente, en Tlalpan.

De nada le sirvieron sus armas; tampoco su falsa credencial de elector en la que aparece con peluca y a nombre de Héctor Acosta Hernández. Un grupo de 40 policías estaba ahí para aprehenderlo.

Quienes participaron en ese operativo cuentan que El Tortas no hizo nada por defenderse. Su rostro se desencajó al verse rodeado. No opuso resistencia, tampoco ofreció dinero.

Según él, sólo era un comerciante que vivía al día, y “se ayudaba” con las tandas de su esposa Mireya.

Barras, discos, pesas, un gimnasio completo. Bolsas y bolsas de dulces y juguetes, altares yorubas, la foto de su boda, la de los 15 años de su hija mayor, una donde aparece sonriendo con su hijo… es parte de lo que tenía en esa casa en la que se ocultó durante los últimos meses con su familia y tres perros.

Desde ahí coordinaba los movimientos de sus hermanos y los miembros de su grupo en la ciudad y el Estado de México.

Tenía dos camionetas y un auto, pero casi no los usaba. Era cuidadoso con ello, y también para hablar por teléfono. Tenía cinco celulares, pero ninguno con conexión a internet, todos eran desechables y con chips de prepago.

Cuando dejaba la casa pasaban por él y lo regresaban. Quienes salían un poco más eran su esposa y su hija mayor. Ellas hacían la despensa, pero solían comprar cantidades suficientes para que durara semanas.

Por eso los agentes hallaron decenas de latas y paquetes de comida congelada, cajas de ciruelas pasas, cereales, leches de sabores...

“Se notaba que compraban todo para no tener que salir en mucho tiempo”, cuenta un agente que estuvo ahí.

▶ Los elementos de la Agencia de Investigación Criminal, que encabeza Omar García Harfuch, le siguieron la pista durante meses a El Tortas. Supieron que estuvo escondido en Estado de México, Hidalgo y Puebla.

Las últimas semanas, lo ubicaron al sur de Ciudad de México, en el fraccionamiento enclavado en una zona boscosa de Tlalpan.

En los últimos días obtuvieron una orden de cateo. Y durante el lunes prepararon todo para entrar por él. Ayer a las 2:00 de la mañana salieron de las instalaciones de la AIC. Unos 40 minutos después, ya estaban ahí.

Cuando entraron, los agentes creyeron que El Tortas había escapado. No había nadie en el jardín, tampoco en el gimnasio, ni en la cocina. Cuando subieron a las habitaciones las hallaron vacías.

Pero cuando abrieron la puerta de la última lo encontraron frente a ellos. Su familia, a un costado. El torso desnudo permitía ver los tatuajes que nacen en su pecho, cruzan sus hombros y aparentan ser alas en la espalda.

Mientras era detenido, a kilómetros de ahí, en la Cuauhtémoc otros agentes arrestaban a su hermano Sabino. Y más lejos, en Condado de Sayavedra, en Atizapán, otro grupo aprehendía a su rival, Pedro “N”, El Jamón, el actual jefe de La Unión. Ninguno hizo nada por escapar.

La AIC los sometió a todos.




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IM/CR

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