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El derecho de Evo
El derecho de Evo

Columnas martes 21 de mayo de 2019 - 03:07


El foco de los organismos interamericanos tales como la Organización de Estados Americanos o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos parece estar centrado en Venezuela y Nicaragua. Efectivamente en ambos países se viven horas crudas, con represión e imposibilidad de salidas democráticas, al menos a simple vista.

Nicolás Maduro y Daniel Ortega cada vez que tiene la soga al cuello, sacan la manoseada barajita de la negociación o el diálogo con los actores de oposición.

Todo parece ser una pantomima. Ni Maduro ni Ortega quieren dejar el poder, al menos no por las buenas, y de eso han dado muestras más que elocuentes en los últimos meses. Permanecer en el poder ha pasado a ser la obsesión central de ambos, y si eso implica represión, detenciones y asesinatos de opositores, pues están dispuestos a pagar tal precio.

De Maduro y de Ortega al menos se habla. Se les cuestiona, se muestran sus arbitrariedades y desmanes, se les exigen que abandonen el poder. Hay noticias, hay declaraciones, hay sanciones.

No han logrado su objetivo, que Maduro y Ortega abran juego político para una transición democrática, pero al menos en el campo discursivo se evidencia la preocupación y se deja constancia de las acciones.

No podrá decirse que la comunidad internacional o que el periodismo se quedó de brazos cruzados ante estas dictaduras que asolan a Venezuela y Nicaragua.

Una cosa complemente distinta ocurre con un señor que hasta hace no mucho solía ser el tercer jinete del socialismo trasnochado latinoamericano.

Sí, hablamos de Evo Morales, quien ejerce la presidencia de Bolivia desde enero de 2006. Es decir desde hace 13 años.

Para ello Morales ha apelado a una serie de reformas constitucionales, asegurando –óigase bien- que de esa forma se le garantiza su derecho humano a la elección y reelección. El derecho de Evo está por encima del derecho de los bolivianos a escoger libremente a su presidente. Se echó a pique un principio clave para la democracia: la alternancia en el poder.

Todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Así de sencillo. Morales perdió un referendo en 2016, convocado justamente para que el pueblo dijese si quería un nuevo período presidencial de Evo. Éste, mal perdedor, torció la decisión popular, se apoyó en jueces que antes él mismo había designado y en autoridades electorales acolitas.

De esa forma Morales se encamina a unas nuevas elecciones en octubre, teniendo control del Estado.

Será una competencia electoral en la cual la cancha estará visiblemente inclinada para favorecerle. Hasta el secretario general de la OEA ha acudido a La Paz para darle el visto bueno a estos comicios.

La comunidad internacional o el periodismo francamente parecen estar ocupados en asuntos más urgentes. Nadie habla de Bolivia.

Todos nos dicen, a los que aún creemos genuinamente en la democracia y los derechos humanos, que no hay problema alguno con la nueva candidatura de Evo. Es su derecho humano.



• Periodista e investigador de la Universidad Católica
Andrés Bello, en Caracas.@infocracia

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/CR

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