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El día naranja

El día naranja

Columnas jueves 28 de noviembre de 2019 - 00:04

El 20 de febrero del 2000, la Asamblea General de la ONU declaró el 25 de noviembre: El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, también conocido a nivel mundial como: Día Naranja.
Con el propósito de analizar los avances y retos para atender la violencia contra las mujeres en razón de género, el 25 de noviembre dio inicio a nivel mundial la Campaña Únete -a iniciativa de la ONU- consistente en 16 días de activismo que concluirá el 10 de diciembre de 2019, fecha en la que conmemoramos el Día Internacional de los Derechos Humanos.
Hijo y nieto de mujeres ejemplares, autónomas, trabajadoras, emprendedoras, dignas y amorosas, siempre me he considerado un aliado del feminismo. Reivindico el feminismo con convicción y postulo sus valores esenciales: remover la subordinación, desigualdad y opresión de las mujeres, a fin de lograr su emancipación y la construcción de una sociedad en la que se desintegre la discriminación por razón de sexo y género, eliminando la ideología patriarcal.
Desde luego que, erradicar la violencia contra la mujer va mucho más allá de contar con instrumentos jurídicos enfocados a la protección de su dignidad y libertades -por ejemplo, podemos citar como importantes instrumentos internacionales en la materia: a la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer [Belém Do Pará], la Convención de los Derechos Políticos de la Mujer y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer [CEDAW, por sus siglas en inglés]-.
Si bien la violencia contra la mujer no puede tener solución, únicamente, en el campo estrictamente jurídico, ya que su origen es social y cultural, pienso que el derecho sí es el catalizador más adecuado para ir transformando la visión androcéntrica del mundo.
Por ello, tenemos que hacer del derecho un auténtico instrumento que remueva los estereotipos y roles impuestos a la mujer y que vulneran su dignidad. Dworkin decía con acierto, que derecho que no se interpreta y aplica para modificar positivamente la vida de las personas, de poco o nada sirve. Esa es, precisamente, la dimensión social de la ciencia jurídica.
Desde luego, no ignoro que sería simplista pensar que vamos a erradicar la violencia y discriminación contra las mujeres solamente reivindicando sus derechos. Nuestra tarea es más compleja y se centra en la deconstrucción de las estructuras del poder desde la cosmovisión patriarcal.
Sin una auténtica modificación en los patrones socioculturales para resignificar la igualdad entre el hombre y la mujer y la construcción de una conducta en la sociedad que tenga como prioridad el reconocimiento y respeto absoluto de la dignidad y libertades de las mujeres, ningún esfuerzo gubernamental será suficiente.
La solución somos nosotros, pintemos el mundo de naranja.

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/CR

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