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El éxodo cubano
El éxodo cubano

Columnas jueves 18 de abril de 2019 - 01:59


A lo largo del tiempo, un parte aguas ha servido para hacer a unos cubanos más patriotas que otros: el socialismo, entendido como verdad absoluta. Mientras que esos otros –los que necesariamente están equivocados han debido salir de la patria. En la medida en que en la patria socialista no hubo cabida para el disenso, ni para lo distinto, el éxodo fue el camino.

Tempranamente, en los años 60, miles de cubanos salieron de la isla, los gusanos o la gusanera, como se les tildaba en su momento. En los 80, entretanto, llegó la crisis de la Embajada de Perú y la consiguiente salida de miles de cubanos a través del puerto de Mariel. De nuevo, se repetía el éxodo.

Para el gobierno los que se iban eran los desadaptados, los que estaban envenenados por la propaganda capitalista; amén de que también Fidel Castro aprovecharía tal crisis para enviarle delincuentes y enfermos mentales a la comunidad de Miami. La periodista cubano estadounidense Mirta Ojito, ganadora de un premio Pulitzer, regresa a su adolescencia en la isla con el libro El Mañana. Memorias de un éxodo cubano, del cual emerge su propia historia de marielita, de cubana que abandonó la isla en aquel 1980.

La de Ojito fue diríamos que la vida de cualquier niña y adolescente en una isla marcada por la dependencia económica de la Unión Soviética, que se agudizaría al no alcanzarse la meta de los 10 millones en la zafra de 1970, junto con el dogmatismo ideológico que quedó claramente expresado con la realización del primer congreso del Partido Comunista Cubano en 1975.

Nacida, en 1963, en el seno de una familia que no se sentía parte del proceso socialista, durante la primera etapa de su vida logró sobrevivir en el sistema sin ser parte enteramente de él. La falta de adhesión socialista terminaría colocando un techo a la adolescente, además de marcarla socialmente, con lo cual en sus años de pubertad también comprendió que siendo diferente su familia, debería irse del país. Siendo cubana, no tenía cabida en su país al no abrazar el credo socialista.

La decisión de irse, sin retorno, sin embargo sobrevino en el propio contexto de la crisis de la embajada de Perú, cuando se percató cabalmente que no había espacio para la diversidad.

Miles de cubanos invadieron suelo peruano y acamparon largamente en los jardines de la sede diplomática. Los mítines de repudio fueron la respuesta gubernamental, acompañados de huevos podridos lanzados sobre los que se atrevían a traspasar la línea. No cabían dudas: los diferentes, los que no comulgaran con el socialismo de Fidel nada tenían que hacer en Cuba.

Mirta Ojito formó parte de un nuevo éxodo, más de 125 mil cubanos dejaron de tener un lugar en su patria durante aquel 1980.

• Periodista e investigador de la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas.
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/CR

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