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El fantasma de la crisis
El fantasma de la crisis

Columnas jueves 09 de mayo de 2019 - 02:41


¡No! No estamos en crisis económica; ni el gobierno de Peña Nieto, ni el de Calderón, ni el de Fox nos heredaron una crisis económica de proporciones dantescas ni el presidente López Obrador llegó para salvarnos de la hecatombe económica.

Los agoreros del desastre, los conspiranoicos, los fanáticos del complot que ya se compraron la versión de que todo lo sucedido antes del 1 de diciembre de 2018 era terrible y vivíamos bajo las tinieblas del neoliberalismo, pueden decir misa, pero es un hecho, lo que ha mantenido al país alejado del estallido social, no es la prédica de nuestro amado líder, ni sus homilías, ni sus parábolas, ni la palabra empeñada, ni la desinformación, ni las mañaneras, ni lo que diga su dedito, ni la fe, la esperanza y la caridad, ni las cachetaditas a sus colaboradores cercanos, lo que ha permitido que el país siga en pie, pese a todo, es que desde el llamado “error de diciembre” de 1994, México no ha vuelto a padecer una crisis económica en la que sus gobernantes sean los responsables.

El problema con la mayoría de los mexicanos es que nos compramos todo lo habido y por haber y le damos crédito a todo lo que nos dicen. Creemos con tal convicción en el presidente que no actuamos con la razón sino con la fe, esperamos que todo lo resuelva el hombre providencial y si el amado líder dice “salten al vacío”, una buena parte del pueblo saltará alegremente. Por eso las retóricas triunfan porque se convierten en sagradas escrituras.

A lo largo de poco más de cien años, la sociedad mexicana se ha tragado toda clase de retóricas sin meter las manos: Porfirio Díaz vendió la paz como condición única para que el progreso echara raíces sin importar que esa paz estuviera manchada con la sangre de la represión; el sistema político priista, desde sus orígenes nos vendió el nacionalismo revolucionario cardenista, la unidad nacional durante la Segunda Guerra Mundial, la urgente industrialización con Miguel Alemán, el milagro mexicano con López Mateos, la paz social con Díaz Ordaz, administrar la abundancia con López Portillo, el primer mundo con Salinas de Gortari y la hora de la democracia con Fox.

Pero la más efectiva de las retóricas no nos la vendió el gobierno, sino la amorfa izquierda que desde 1976 y hasta la fecha se ha cansado de repetir que el país está en crisis, y ha sido tan exitosa su mitificación, que buena parte de la sociedad juraría que estamos en una crisis económica permanente, que los gasolinazos del sexenio pasado, la inflación, el deslizamiento del peso frente al dólar, la pérdida del poder adquisitivo, el aumento en el precio de los limones o del aguacate son producto de la crisis económica y que los gobiernos anteriores al de nuestro amado líder son los responsables.

Desde luego esta afirmación es completamente falsa. México padeció casi 20 años de una deplorable y gravísima situación económica; entre 1976 y 1996, los presidentes Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Salinas de Gortari fueron responsables de las peores crisis económicas de la historia reciente de México. El presidente Zedillo sacó el buey de la barranca y entregó la presidencia con una economía estable y sujeta a los vaivenes de la economía internacional. Los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto fracasaron en muchos temas pero mantuvieron lejos el fantasma de la crisis y entregaron una economía estable.

Nadie puede negar que nuestro amado líder recibió un país sin crisis económica, pero al parecer está empecinado en dirigir la economía nacional como dios le da a entender, y siendo poco su entendimiento en la materia descalifica a las calificadoras, a los mercados internacionales, a la prensa especializada, desprecia los indicadores de la economía, ningunea a sus propios secretarios y especialistas; acusa una campaña en su contra y termina echándole la culpa a los conservadores del magro crecimiento de la economía, de la desaceleración económica y de todo lo mal que pueda venir en los próximos meses.

No cabe duda, la luna de miel de nuestro amado líder con el pueblo bueno terminará si estalla una verdadera crisis económica, ahí sí no habrá retórica que funcione y ante la opacidad y el consabido “yo tengo otras cifras”, el fantasma de la crisis ya ronda por los pasillos de Palacio Nacional.

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/CR

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