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“El feminismo debería ser un tipo de humanismo”

“El feminismo debería ser un tipo de humanismo”

Entornos lunes 10 de junio de 2019 - 05:57


POR MARTHA ROJAS

Ubicada al poniente de la Ciudad de México, Santa Fe dejó de ser el basurero más grande de la capital para convertirse, con sus enormes edificios y arterias colapsadas, en una metrópoli posapocalíptica. En ella, el orden se mantiene a través de un videojuego, que unos pocos privilegiados se permiten ejecutar para mantener alejados a los indeseables.

▶ Los indeseables no son más que una gran masa de hombres y mujeres, que ante una fuerza inexplicable, fueron, inevitablemente, expulsados de ese núcleo llamado Santa Fe, donde viven los que sí pueden ser útiles al sistema.

“El videojuego”, es uno de los 17 relatos que integran Jaulas vacías (Almadía, 2019) el más reciente libro de cuentos de la narradora Bibiana Camacho.

Seres desolados, aquejados por sus propios fantasmas y por una perpetua soledad interna, protagonizan una serie de relatos que oscilan entre lo macabro y los finales inacabados.

“Estuve trabajando en Santa Fe, visitaba gente que colecciona arte, pero yo no tengo carro, entonces todos los días tenía que ir y venir, era como ir a otro mundo. El tráfico te hace pensar que un día esta ciudad va a colapsar y sinceramente no sé cómo sigue funcionando. Creo que es el escenario perfecto para que algo pase”, asegura la editora a ContraRéplica, mientras sonríe.

Exbailarina y amplia conocedora de la lingüística y sus implicaciones populares, Bibiana Camacho es una de las voces más originales que la literatura mexicana ha dado en los últimos tiempos, cuando de misterio se trata.

Poseedora de una sencillez natural, La escritora explica que la mayor parte de su producción literaria apunta al cuento, en parte porque es el género que mayores dificultades le causa a la hora de escribir, y en parte, porque la educación estricta e inocentemente comunista, que recibió de su padre la llevaron a desarrollar estrategias para ocultarse y disfrutar su propia soledad, aunque ahora prefiera vivirla acompañada.

Fiel lectora de Horacio Quiroga, Edgar Allan Poe y Silvina Ocampo, Camacho entrega un libro en el que la muerte del autor está casi declarada.

Deja que sea el lector quien determiné los finales trágicos o felices de cada uno de los personajes y sus historias.

“A mí me gustan las lecturas sin un final preciso. Me gusta pensar que el cuento puede seguir viviendo aunque ya no se escriba, y que puede ser leído infinitamente.

"Creo que la vida está formada por muchos momentos monótonos, por muchas esperas, traslados y demasiados tiempos muertos. Si ves la vida de una persona va haber unos picos maravillosas de cosas extraordinarias que le pasan; encuentros en la calle, cosas azarosas, momentos brillantes, pero sí lo piensas la vida en sí misma es la cosa más monótona que existe. El cuento te permite poner la lupa en eso que fue extraordinario, monstruoso, bello es como ponerle un acento a la vida”, explica.

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IM/CR

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