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El futuro es historia

El futuro es historia

Columnas jueves 31 de enero de 2019 - 01:57


Masha Gessen es una excepcional periodista rusa, autora de una las mejores biografías de Vladimir Putin “El hombre sin rostro.” Crítica de las numerosas reelecciones de Putin y la entronización de su círculo en la cima del poder ruso, Gessen se vio forzada a escapar la censura de su país para continuar ejerciendo el periodismo en Estados Unidos. Ahí ha obtenido reconocimiento por sus artículos y ensayos en New York Times, New Yorker, etcétera. El año pasado publicó un nuevo libro que ya circula en librerías mexicanas El futuro es historia. Rusia y el regreso del totalitarismo.

En esta obra, Gessen documenta los retrocesos autoritarios del sistema político ruso partiendo del colapso de la URSS hasta la actualidad. No obstante, su enfoque ofrece la novedad de revisar la historia contemporánea desde el punto de vista de ciudadanos de distintas clases sociales y muy diversas actividades laborales. Mediante la revisión de transformaciones en la vida cotidiana y los obstáculos para la libertad personal, sexual, profesional y de expresión, Gessen registra cómo se limitan día tras día los espacios de autonomía individual en Rusia.

El libro también presenta la crónica de la consolidación de una dictadura que nadie se atreve a llamar por su nombre. Inicialmente con el sometimiento de los gobernadores opositores de provincia mediante la vigilancia de enviados presidenciales. Después, el mismo Putin cambia la ley para nombrar a los sucesores de los gobernadores. Adicionalmente, el exKGB despliega los servicios de inteligencia civiles y militares sobre cada vez más esferas de la vida pública, al grado de supervisar el contenido de todos los medios de comunicación y colocar a sus periodistas allegados en los canales oficiales.

Hombres, mujeres, homosexuales, lesbianas, activistas, periodistas y políticos de oposición sufren el escrutinio estatal sobre sus vidas y el acoso contra sus parejas y familiares. La degradación de la vida pública empieza a recordarles a muchos la miseria colectiva durante la etapa soviética. Varios huyen del país, otros se ocultan en rincones inhóspitos de la provincia, algunos más padecen cárcel. La esperanza de vida se desploma, la tasa de suicidios se dispara mientras Putin pretende restaurar un papel imperial e imperialista para Rusia. La homofobia, la xenofobia y la imposición de una moral oficialista contra “las perversiones occidentales que aprenden quienes viajaron al extranjero” apela a un conservadurismo de tintes francamente fascistas.

Las finanzas nacionales mejoran o empeoran en función de los precios del petróleo, única propuesta económica de Putin. El Presidente ruso empieza a regalar dinero a los desfavorecidos para mantener su popularidad alta. Los reseñistas estadounidenses del libro han aplaudido la obra, aunque reconocen su inquietud por las afinidades entre Trump y Putin. Al buen entendedor, pocas palabras.

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/CR

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