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El hombre sin rostro

El hombre sin rostro

Columnas viernes 23 de agosto de 2019 - 02:52


Vladimir Putin acaba de cumplir 20 años en el poder. Y el gran temor del conocido opositor Mijaíl Jodorkovski es que “soy pesimista, Putin puede durar 20 años más”. ¡Y el autócrata ruso tiene ya 66 años!

A diario, Putin prepara a Rusia para una larga confrontación con el pasado. En esa retórica basa parte de su poder. A diario, acusa a los “enemigos del pasado” de buscar su ruina. Y así mantiene una popularidad de 68 por ciento.

Es un gobernante con nostalgia por un pasado que nunca fue como para recordar. Lo describe la periodista rusa Masha Gessen en un libro apasionante de Editorial Debate: El hombre sin rostro. El sorprendente ascenso de Vladimir Putin.

“El 7 de mayo de 2000 —escribe— Putin tomó posesión como presidente de Rusia. La ceremonia, que originalmente iba a tener lugar donde el Partido Comunista había celebrado su congresos y donde la administración de Yeltsin había organizado conferencias, se trasladó al histórico Gran palacio del Kremlin, donde vivieron los zares”.

Convirtió en la residencia oficial del presidente donde vivieron los zares y donde jamás había vuelto a vivir ningún otro gobernante ruso. Ahí vive con su familia, despacha asuntos de Estado, recibe dignatarios extranjeros.

Incluso, el modelo con el que delineó su régimen es lo que denomina “modelo ruso”, el mismo que propuso el zar Pedro el Grande, quien reinó desde 1682 a hasta su muerte en 1725 y que, hasta 1713, vivió donde hoy vive Putin.

Es un modelo de poder absoluto, con una estructura vertical y centralizada, con una autoridad real, temida y un gobierno autoritario.

¿Es posible eso en un país que son muchos países a la vez, con una cultura que es muchas culturas a la vez?

El ojo agudo de Gessen se enfoca en el modo de vida austero de Putin antes de su llegada al poder. Uno de sus impulsores a la presidencia, el oligarca Boris Berezovsky lo visitó para informarle que había sido escogido como candidato presidencial por Boris Yeltsin:

“Era julio de 1999. Lo llamé. Le dije que quería discutir un asunto importante. Llegué y estaba descansando con su mujer y sus dos hijas, que entonces eran aún muy pequeñas, en un edificio modesto. Una cocina pequeña y uno o dos dormitorios. Verdaderamente muy modesto”.

Ya en el poder, un empresario ruso de relojes fabricó uno especial para Putin y se lo envió como regalo. “Nunca se le vio en público con aquel reloj barato de fabricación nacional. Putin usa un Patek Philippe Calendar de oro blanco valorado en 60 mil dólares”, escribe Gessen.

Ese es el hombre sobre quien el opositor Jodorkovski dice: “Soy pesimista; Putin puede durar 20 años”.

Y Putin tiene 66.

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/CR

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