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El karma de la India

El karma de la India

Columnas jueves 30 de mayo de 2019 - 03:27


El populismo es como un cáncer que ha hecho metástasis en todo el mundo. La India, esa gigantesca, sobrepoblada y desigual nación también ha sido infectada. Sus células malignas no distinguen entre grados de desarrollo económico o democrático… infectan lo que encuentran. Normalmente se cuelan por esas pequeñas o grandes rendijas que la libertad deja abiertas; y a partir de ahí utilizan a los vehículos institucionales para carcomer los cimientos de la democracia. Narendra Modi es un ejemplo muy acabado de esa terrible enfermedad que hoy padecen muchas naciones.

A través de un discurso incendiario, con una retórica hinduista y antimusulmana (hay 200 millones de ellos en el país que gobierna), ha puesto en jaque a la democracia secular que los indios habían alcanzado a medio madurar.

Y es que la fórmula funciona a la perfección en cualquier lugar. Cuando no son los judíos, son los blanquitos o las élites. En su defecto los migrantes, las minorías étnicas o cualquier cosa que encienda la división de las sociedades que desean dominar. Claro que después se adereza con una dosis de nacionalismo y promesas de llevar a sus pueblos a un estrato superior o a devolverlos a un tiempo idílico. Con la demagogia por delante, sociedades insatisfechas y poco informadas (vía Facebook y Netflix) se contagian fácilmente y de manera fulminante.

Recuerdo hace algunos años cuando visité la India. Mil trescientos millones de personas se hacen sentir desde que se pone un pie en la calle. El caos, la diversidad étnica y los contrastes entre modernidad y subdesarrollo sacuden brutalmente al visitante. La pobreza, al igual que la nuestra, es dolorosa; pero allá es de proporciones cósmicas.

Nunca he entendido cómo es que las personas pueden viajar hasta allá en busca de paz espiritual. Incomprensible es para mí el imaginar salir de un ashram, revitalizado internamente, para después ver con toda normalidad a la dolorosa pobreza, a la segregación y al racismo producto de una sociedad dividida en castas. Aunque es a través de la religión, que no de la espiritualidad, como han mantenido a raya a la población.

Mientras sus élites viven como maharajás y sus clases media y alta son educadas en las mejores universidades del mundo; capaces de fabricar portaaviones, misiles nucleares y naves espaciales, 78 millones de personas no tienen empleo y 286 millones viven con dos dólares al día.

En este escenario, el poderoso Modi ha logrado asegurar un segundo mandato cuyo desenlace es de pronostico reservado: desde un conflicto nuclear con su peligroso e inestable vecino Pakistán; hasta masacres inimaginables entre etnias, producto de sus desplantes segregacionistas.

Los sueños de Gandhi han quedado sepultados como la tumba de Arjumand Banu Begum en el Taj Mahal. Y no habrá manera de sacara a ese país de sus problemas mientras las religiones, sus élites y la corrupción no cambien. La sobrepoblación, desde luego, no ayuda en nada; ni a ellos ni al mundo. Eso sí, con trescientos millones de calsemedieros les alcanza para convertirse en una potencia comercial y militar; y lo otro… lo dejan en manos del karma.


•Internacionalista, político, empresario y escritor:
@RudyCoen

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/CR

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