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El lado correcto de la historia

El lado correcto de la historia

Columnas viernes 08 de noviembre de 2019 - 00:43

La administración actual en el Gobierno federal ha buscado publicitarse como una grandilocuente transformación, comparable a algunos de los principales hitos de la historia política del país. Aunque el concepto es más slogan que interpretación, lo cierto es que es fácil de asimilar porque sugiere que la actual administración pertenece al lado correcto de la historia (como si eso existiera, de cualquier forma). Esta hipérbole de hipérboles, repetida hasta el cansancio por algunos de sus más fervorosos propagandistas, parece que empezara a agotarse.
Porque independientemente de lo que cada persona quiera creer, la fijación por justificar fracasos y equivocaciones con la posibilidad de que López Obrador represente el lado correcto de la historia raya cada vez más en lo descabellado. Más allá de buscar una buena gestión, pareciera que la obsesión del Presidente es su figura endiosada en la historia. Como si la única medida de su éxito o fracaso fuera su imagen para la posteridad.
Desafortunadamente, la historia, esa madre que está pasando todo el tiempo como un ruidero atronador, no tiene ninguna contemplación con las ilusiones del futuro. Por eso es difícil tener a la historia como juez. Porque la historia cambia rápido. Y a la menor provocación convierte a villanos en héroes y viceversa. De ahí que valga la pena preguntarse cuál es el lado de la historia con el que se ufana la actual administración.
El lado correcto de la historia parece ser una administración que tiene en el pasado una colección de culpables para justificar su incompetencia. Donde es más importante asegurar que se acabó la corrupción a combatirla en realidad. O más importante forzar que la conversación pública gire alrededor de tuiteros y beisbolistas en lugar de los problemas más urgentes para el país.
El lado correcto de la historia parece ser abiertamente mentir sobre asuntos tan sensibles como la seguridad pública. Con la misma desfachatez, con apenas días de diferencia, se puede confirmar un suceso, inventar un culpable o desconocer que se tenía conocimiento absoluto. Con esa ligereza se hablado de Culiacán, acaso uno de los episodios más vergonzosos que se recuerden en el país. También se puede asegurar que la oleada de violencia ha terminado apenas un día después que niños y mujeres fueran masacrados a unos kilómetros de la frontera norte.
El lado correcto de la historia parece ser también el lugar donde las capacidades institucionales del gobierno mexicano lentamente se van sustituyendo por un control centralizado en una persona. Donde importan más las buenas intenciones del Presidente que la política bien planeado. Este lado de la historia consideró oportuno poner a dieta a un estado flaquísimo, que casi se muere de hambre.
No hay duda. Si este es el lado correcto de la historia, por favor déjenme a mí seguir en el incorrecto.

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/CR

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