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El maestro de la luz y la cromática

El maestro de la luz y la cromática

Columnas lunes 29 de julio de 2019 - 02:45

La idea original de la galería Arte Abierto que forma parte del concepto del centro comercial Artz Pedregal, era involucrar en el arte contemporáneo a un público más amplio, con propuestas interactivas e inmersivas de arte contemporáneo.

El proyecto original buscaba abrir este espacio expositivo con una muestra de Carlos Cruz-Diez, el maestro de la luz y la cromática, fallecido el pasado sábado a los 95 años, en Paris.

Sin embargo, el equipo cercano a Cruz-Diez se negó a trabajar para los Sordo Madaleno, empresarios y arquitectos titulares del proyecto de Artz Pedregal, al considerar poco serio su trato y saber de otros proyectos llevados a mal recaudo.

De haberse logrado, esta galería habría albergado una de las últimas muestras del artista en vida y habría marcado un hito en la historia del arte en México, pues sólo el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) ha tenido una gran retrospectiva sobre él. Para que lo identifiques, en la entrada del MUAC hay una pieza suya, que al caminarla de punta a punta nos muestra la riqueza de la cromática en combinación con la luz, que ya es parte del paisaje naturalde este bello museo al sur de la Ciudad de México.

Asimismo, se inició el diseño de un proyecto del artista internacional de origen mexicano Gustavo Artigas, quien en los últimos años ha virado su investigación estética a la búsqueda de nuevos conceptos sobre el color y sus riesgos. Alejándose un poco de la ciertas líneas de riesgo y desastre y autodestrucción.

En esta nueva etapa, en la que por cierto, ha establecido su residencia en Toronto, una de las ciudades más vibrantes en materia de arte contemporáneo del mundo, Artigas reflexiona sobre la construcción de la experiencia desde el aspecto de la luz y su interacción con la materia, espejismos de la vista y su juego con la luminosidad, así como el movimiento y vivacidad en la que nos envuelven tonalidades activas a partir de colores primarios como azules, rojos, los verdes. Lo que logra, a través de su propuesta, es envolver al espectador y hacerlo partícipe de sus nuevas travesuras, más positivas, que inspiran y regeneran la alegría de vivir a través de la reflexión sobre el relajo, la música, el baile y lo más es esencial del disfrute de la vida, que incluye la rebeldía de ser quien uno es.

Parte de ello , era la propuesta de un pabellón para “Arte Abierto” en Artz Pedregal, donde Artigas participó activamente para conceptualizar y dar nombre a esta Galería.

Finalmente la propuesta se quedó en papel.

Artz abrió su galería, en un espacio no destinado para ella con la exposición “Submergence” del colectivo Squidsoup. Muestra trillada, llena de lugares comunes, de artistas desconocidos y extranjeros, que emulan burdamente a Yayoi Kusama, con espejos encontrados para simular el infinito y foquitos multicolor: como atracción fácil para selfies e instagramers, sin ninguna aportación reflexiva o sensitiva.

Aunque los nombres de quienes están curando las muestras de Artz son de impresionar, quizá se han visto limitados por la falta de presupuesto derivada de los múltiples problemas que ha enfrentado esta plaza desde antes de abrir.

Recordemos que lo primero que supimos es que se vino abajo un piso volado por fallas en el cálculo estructural. Los restaurantes permanecen clausurados por incumplir la normatividad, según señalan los letreros al exterior. Ahora es escenario de disputas del crimen y la mafia.

Los conciertos que prometían ser parte de la propuesta cultural de este centro comercial con aspiraciones artísticas, son espacios para aficionados mal entonados y poco aplaudidos. El espacio para la galería no termina de abrirse. La inauguración de su primer exposición fue solo cubierta por la prensa rosa y de sociales, seducidos por bellos regalos de marcas de prestigio que se ahí se venden. Los artistas visuales de primer nivel como Cruz-Diez y Gustavo Artigas fueron descartados y el equipo de abogados del consorcio ha pasado meses tapando agujeros y limitando el presupuesto.

Es una pena que así sea. Parecía una buena idea.

Original y renovadora. Era esperanzador ver en una de sus terrazas, un Ai WeiWei original y muy representativo de su serie Forever, adquirido en Zona Maco o la presencia de Daniel Buren, producida por la Galería Hilario Galguera ,que tristemente tiene problemas de mantenimiento.

Era esperanzadora ver la obra Tania Candiani que está en el patio del último piso donde está la galería.

Era esperanzador, saber de empresarios preocupados por el desarrollo artístico del país, pues su apoyo como inversionistas y coleccionistas es indispensable para el crecimiento del arte como motor de desarrollo cultural y económico para México.

Sin embargo, como la terraza con jardines que se vino abajo, también se desplomó el proyecto curatorial y artístico.

Ojalá repunte.

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/CR

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