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El museo y el espectáculo
El museo y el espectáculo

Columnas lunes 01 de abril de 2019 - 03:31


En los próximos días se presentan dos de las exposiciones “más esperadas del año”: Sunday de Carsten Höller en el museo Tamayo, y Restablecer memorias, del artista Chino Ai Wei Wei, en el MUAC. Ante la intensa propaganda que presenta las exhibiciones como “imperdibles”; muestras a las que “todo chilango debe ir”, quedan varias preguntas abiertas.

¿Qué esperan los museos que obtenga la gente de éstas espectaculares exposiciones? ¿que se de un banquete de entretenimiento al ver obras de arte de alto impacto visual? o ¿usan el asombro y el escándalo para atraer a públicos masivos cazadores de selfies? ¿Realmente el arte se asume como herramienta para reflexionar acerca del sentido que guía nuestra vida cotidiana, las problemáticas del entorno y nuestro papel para mejorarlo?

Hace unos días el museo de Auschwitz —antiguo campo de concentración en el que los nazis asesinaron a más de un millón de personas— prohibió a sus visitantes tomar selfies en el recinto al considerarlo “frívolo” e “inadecuado” para recordar esta horrible tragedia. Y es que la actitud del turismo cultural y de los públicos de arte parece estar cada vez más inclinada a buscar el consumo de espectáculos.

El museo no tiene porqué ser un lugar aburrido; de hecho, la comprensión del arte puede ser más efectiva si se usa una didáctica lúdica y novedosa para transmitir sus mensajes, pero también es cierto que en muchos casos la visita al museo se queda en puro entretenimiento. Vuelven banal algo que podría tener el propósito de invitarnos a una toma de conciencia sobre un mundo lleno de contradicciones, de cosas fascinantes y valiosas, que es necesario redescubrir.

Como sucedió con Yayoi Kusama en 2014, visitantes hicieron largas filas en el museo Tamayo, incluso acamparon, con tal de conseguir una selfie y llevarse la experiencia de haber entrado —aunque fuese segundos— a escenarios en los que todo el mundo cool quería estar y ser visto. Es difícil saber cuáles fueron las motivaciones de los públicos: ¿conocer el mundo onírico de una artista que vive y crea desde un psiquiátrico o la ilusión de una vivencia espectacular e irrepetible?

Puede que las obras de arte y los museos fracasen si no logran cumplir con los objetivos que se proponen.

Aun cuando existan largas filas en sus puertas, eso no garantiza que se estén construyendo significados culturales valiosos, que las obras se comprendan y que el público se lleve una reflexión significativa.

Si los museos de arte contemporáneo lejos de revolucionar, conmover o enseñar algo nuevo, utilizan al espectador como un cliente a quien hay que dar cosas excitantes constantemente estamos ante un panorama de mero espectáculo y parafernalia. Es una convocatoria de superestrellas y consumidores buscando divertirse en cosas que no siempre se comprenden, pero quitan el aburrimiento.


•Antropólogo y maestrante en Ciencias Sociales.

Analista del arte contemporáneo, la cultura popular y las culturas contrahegemónicas en América Latina.
@ecoamarillo

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/CR

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