El otro día de la patria

El otro día de la patria

Columnas jueves 05 de septiembre de 2019 - 02:38


El 19 de julio de 1823, el Congreso declaró beneméritos de la Patria a Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, Jiménez, Abasolo, Galeana, Matamoros, a los Bravo, Moreno y a Mina. Y se ordenó el traslado de sus restos a la capital de la República para depositarlos con todos los honores en la Catedral.

El Congreso reconoció a casi todos los insurgentes que combatieron en las etapas previas a la consumación de la Independencia y premeditadamente cometió un acto de omisión al negarse a otorgar un reconocimiento en vida, igualmente necesario, legítimo y justo, al caudillo que encabezó la consumación de la Independencia. En pocos meses, don Agustín, había palpado la gloria y el infierno.

La fecha, por demás, parecía tener ciertos rasgos premonitoriamente macabros en la biografía de Iturbide. El 19 de julio de 1823 el Congreso le negó para siempre la patria potestad sobre la nación mexicana, que debía compartir con Hidalgo, Morelos y el resto de los insurgentes. Un año después, el mismo 19 de julio, el Gobierno mexicano consumó la vida del “consumador”: sin considerar su papel en la Independencia, ordenó su ejecución.

Iturbide jamás se vio asimismo como el héroe de héroes. Bajo su imperio en 1822, el Congreso decretó como días de indiscutible fiesta nacional el 16 y el 27 de septiembre.

La primera fecha, porque en ella “fue herido de muerte” el virreinato novohispano; la segunda porque significaba la puntilla final, el tiro de gracia a los 300 años de dominación española.

“Puede decirse que el 27 de septiembre de 1821 —escribió Lucas Alamán a mediados del siglo XIX— ha sido el único día de puro entusiasmo y de gozo sin mezcla de recuerdos tristes o de anuncios de nuevas desgracias que han disfrutado los mexicanos”.

Fue un momento fundacional, lleno de esperanzas. Marcaba para la posteridad el verdadero alumbramiento de la nueva nación y sólo bastaron tres años para que los odios de partido, la lucha de facciones y la intolerancia borrara de la memoria colectiva fecha tan memorable. Y como un gran drama histórico, hacia noviembre de 1824, cuando Iturbide ya se encontraba en el infierno cívico luego de ser fusilado el 19 de julio anterior, el exaltado Congreso expidió un decreto que suprimía el 27 de septiembre como “fiesta patriótica”, quedando como tales, exclusivamente el 16 de septiembre y el 4 de octubre —fecha de promulgación de la primera constitución de México. La consumación de la independencia había sido suprimida por decreto.

La enseña patria fue el único triunfo que Iturbide le arrebató a la historia oficial. Nadie, ni sus enemigos ni sus detractores, pudieron arrebatarle tal honor. A través de los años, voces disonantes se han alzado infructuosamente para reivindicar el verdadero día de la Patria y a su infortunado caudillo.

A principios del siglo XX Francisco Bulnes escribió: “Espero que para el Centenario de 2110, dentro de doscientos años, se habrá reconocido que los tres héroes prominentes de nuestra independencia, fueron Hidalgo, Morelos e Iturbide. Como los muertos no se cansan de reposar en sus tumbas, Iturbide bien puede esperar algunos cientos de años, a que el pueblo mexicano, en la plenitud de su cultura, le reconozca con moderados réditos lo que le debe. Mientras no se honre como debe ser a los verdaderos héroes de la Independencia y se llegue hasta suprimir los homenajes, la figura de uno o algunos de los más grandes, habrá derecho para decir que en las solemnes fiestas patrias… quedó vacío el lugar del primero de los personajes: la Justicia”.

Han transcurrido más de 100 años desde que Bulnes escribió exigiendo la reivindicación del héroe de Iguala y el reconocimiento de la fecha que la historia registró como el nacimiento del México libre y soberano. Para desgracia de propios y extraños, como en muchos otros ámbitos de la vida mexicana de finales del siglo XX, la justicia histórica ha sido doblegada por la impunidad histórica.

¿Tienen que transcurrir otros cien años, antes de que Iturbide descanse en el seno de la Patria como uno más de sus hijos? ¿Será hasta 2110, cuando la historia mexicana esté por encima de los odios de partido y las verdades absolutas? ¿Llegará el momento en que el 27 de septiembre sea reconocido como el día de la patria?

El propio don Agustín, desde su exilio en Liorna, Italia, vislumbró que el juicio de sus contemporáneos y de futuras generaciones podría ser tan adverso que concluyó sus memorias escribiendo: “Cuando instruyáis a vuestros hijos en historia de la Patria, inspiradles amor al primer jefe del ejército trigarante quien empleó el mejor tiempo de su vida en trabajar porque fuesen dichosos”.

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/CR

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