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El pescador cubano que inspiró El viejo y el mar

El pescador cubano que inspiró El viejo y el mar

Entornos martes 13 de agosto de 2019 - 05:11


POR ROBERTO CÉSPEDES

Por entonces el viejo timonel del Pilar, Gregorio Fuentes, rondaba los 100 años; los profundos surcos que le cruzaban el rostro, secuela de décadas de salitre y sol punzante, sugerían una eternidad. Había ido a buscarlo a Cojímar, el pequeño poblado de pescadores devoto de la Virgen del Carmen, que protege y guía a los navegantes, donde Gregorio llevaba décadas muriéndose de vejez y tedio, aunque al final nunca lo lograba completamente.

Poco después del mediodía apareció en La Terraza, un restaurante con grandes ventanales al pie de un viejo fuerte español, justo frente al muelle donde los pescadores descargaban la faena diaria y pandillas de niños bulliciosos se lanzaban despreocupados al mar, desatando surtidores de chispas brillantes por el efecto del sol en su punto más alto.

Allí almorzaba Gregorio cada día, cortesía del gobierno, que le había dado un permiso especial con tal de que se dejara fotografiar y entretuviera a los turistas mientras bajaban langostas y daiquirís ymojitos al por mayor.

Ya me habían advertido que la mente del viejo patrón navegaba entre marejadas confusas, a ratos en aguas conocidas, a ratos en la cresta indescifrable de sus propias olas. Así que inmediatamente le pregunté de dónde salió aquella historia del viejo que luchaba contra el pez espada descomunal, que le valió a Ernest Hemingway el Premio Nobel de Literatura 1954.

▶ Aventuran los críticos y el propio escritor que el personaje de Santiago era la suma de muchos pescadores de Cojímar, una suerte de tributo a aquella tropa desvalida y recia que el escritor conoció durante sus incursiones por la Corriente del Golfo, la autopista azul profundo que corre a una milla al norte de La Habana repleta de agujas, tiburones y toda clase de criaturas gigantes.

Pero lo que me contó Gregorio aquella tarde bajo el sol rajapiedras de Cojímar fue sin dudas la más sabrosa y acaso antiheroica de las historias: “Estábamos ya en aguas profundas cuando Papá me gritó: ‘¡Mira pa allá, Gregorio, a ese viejo se lo está llevando un gran pez!’. Era un viejo flaco en un botecito que tenía enganchado algo muy grande y lo estaba arrastrando sin piedad .

Papá me dijo ‘vamos a acercarnos con cuidado para ayudar a ese buen hombre’. Mientras avanzábamos me puse a preparar un cartucho con un sándwich y algo de ron para entregárselo. Cuando ya estábamos a unos metros pudimos verle bien la cara; era un viejo de lo más flaco y se veía muy cansado, con las venas de los brazos a reventar, pero el pez, que debía ser una aguja, seguía llevándoselo sin compasión .

Y Papá le gritó: ‘¡Oiga, te vamos a tirar comida!‘. Pero al viejo parece que no le gustó aquello, y así sin más se volvió loco: “¡¡¡Váyase pal carajo, americano e’ mierda!!!”.

Cuenta Gregorio que no sabe si Hemingway se molestó o se entristeció, o ambas cosas como era habitual en él.

Mientras el Pilar se alejaba del viejo y su bote arrastrados por el pez gigante renuente también a la rendición, el escritor se mantenía en completo silencio .


Cuando por fin volvieron a hablar le dijo a Gregorio que el viejo era un peleador que no aceptaba ayuda aunque la necesitara. Un hombre valiente, de los mástercos. “Pero Papa tenía dos lágrimas del tamaño de frijoles a punto de salir, como cuando hablaba con dolor sobre mujeres derrotadas. Por lo visto, la respuesta de aquel viejo lo dejó pensando”.

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YC/CR

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