El populismo invencible

El populismo invencible

La revista New Statesman (El nuevo estadista) es el semanario más antiguo e inteligente de la izquierda en el Reino Unido. Fundada por la Sociedad Fabiana hace más de cien años, ha tenido entre sus colaboradores a lo más selecto de la intelectualidad angloparlante: George Bernard Shaw, Keynes, George Orwell, Gore Vidal, Graham Greene, Bertrand Russell, etcétera.


El número más reciente lleva por título La furia de la extrema derecha y el artículo principal se llama “Por qué el populismo nacionalista llegó para quedarse”. Todo el mundo habla del ascenso de los líderes populistas y de extrema derecha. Lo que el artículo explica es por qué no debemos abrigar esperanzas cercanas de una restauración liberal. El texto presenta los resultados de una encuesta de IPSOS Mori aplicada a las generaciones jóvenes en 2017. La muestra incluye más de 18 mil votantes en 25 países.


La encuesta encontró que 43% de los británicos, 54% de los húngaros y 63% de los italianos “consideran que la migración está cambiando su país en formas que no les gustan”. El porcentaje de gente que estuvo de acuerdo con la premisa “los partidos políticos tradicionales no se interesan por la gente como yo” osciló entre el 44% en Suecia, 61% en Polonia y 67% en Francia. Solamente uno de cada cinco ciudadanos estimó que la inmigración es positiva para sus países. Los políticos y campañas de la extrema derecha han logrado entusiasmar a electores que nunca antes habían votado. Tan sólo en el referéndum del Brexit, alrededor de 2 millones de ciudadanos que no votaron en la elección del año anterior para seleccionar un nuevo gobierno (consideraban la elección una farsa), decidieron acudir masivamente a las urnas para exigir la salida de la Unión Europea.


Con estos números, es muy difícil suponer que las tendencias electorales se modificarán en el plazo inmediato. El extremismo llegó para quedarse y el liberalismo no ha hecho una autocrítica lo bastante contundente para dar respuesta a las inquietudes y ansiedades del electorado contemporáneo. Los ciudadanos preocupados por la desigualdad, la inseguridad, la inestabilidad laboral y la migración, no encuentran eco a sus demandas en los partidos políticos tradicionales. Las elites convencionales, por su insensibilidad e indiferencia al sufrimiento ajeno, pasaron al basurero de la historia, como decía Marx.


¿Qué implicaciones tiene esto para México? La primera es que la cancillería mexicana deberá diseñar una estrategia para tratar con gobernantes europeos de extrema derecha. Súmese Donald Trump. La segunda es que México no es ajeno a las tendencias internacionales y el radicalismo puede contagiarse a nuestro país muy pronto. El artículo de la revista cierra así “el populismo nacionalista se estableció como un rasgo permanente del paisaje. Ya empezó una conversación con los votantes. La pregunta es si la izquierda podrá ofrecer una convincente contrarréplica”

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